Nos vemos en Soria!!!!

Os podría decir que es un curso imprescindible para quienes desean que sus presentaciones sean efectivas e interesantes… pero habiendo diseñado y desarrollado yo el curso, estaría mal (aunque no por ello, dejaría de ser verdad verdadera)😉

Os podría decir que todas las convocatorias anteriores fueron un éxito… pero siendo yo la ponente, sería un poco presuntuoso (aunque cierto como que Soria existe y que es una ciudad preciosa!)

Os podría decir que solo de pensar en este nuevo curso se me llena el estomago de mariposas…

Podría deciros muchas cosas…  pero creo que los hechos hablarán por si solos… así que os invito a venir a y a que lo compartáis con todos aquellos a los que deseéis bien😉

Curso Presentaciones Soria

¡¡Nos vemos en Soria!!

Esther Morillas

21 días y 6 pasos te separan de tu sueño.

El otro día quedé a cenar con una buena maravillosa amiga, Mª Ángeles Merchán – coach para más señas-, para felicitarnos las fiestas. Estuvimos hablando de “mil cosas”, como ocurre siempre que puedo disfrutar de la compañía de alguien inteligente e interesante a partes iguales, y, como siempre,  ¡voló el tiempo hasta el punto que el restaurante donde estábamos cenando nos tuvo que pedir  amablemente que nos fuésemos, jeje!

Uno de los temas sobre los que hablamos fue de “lo que cuesta cambiar algunos hábitos”, lo cual me resultó súper interesante, pensando en todos esos proyectos pendientes de cumplir. El caso es que me comentó algo que me fascinó:

Se necesitan 21 días para aprender una nuevo hábito”

Me resultó tan sorprendente este descubrimiento que no podido dejar de indagar por la red para poder comprobar “en mis propias carnes” si eso es cierto. ¿No os parece maravilloso que lo que nos separe de nuestro sueño sean solo 21 días?

Pero vamos por partes…

La motivación: parte fundamental

Merry Viñas, coach fundadora de Beecome, afirma que “para convertir una acción en hábito debemos conectarlo con algo que nos motive” es decir, que solo lograremos incorporar el hábito de correr regularmente si es algo de lo que estamos convencido de forma personal, … no vale que lo hagamos porque el médico nos lo recomiende – ¡de eso nada!-, nos tiene que salir de “las tripas”. Cuando falta dicha “pasión”, estamos casi condenados a abandonar nuestro propósito antes que después.

Plan de ataque: 6 hábitos necesarios

Luego, una vez que hemos encontrado dentro de nosotros la “fuerza” para modificar o crear un hábito, solo hemos que dibujar un “plan de ataque” para lograrlo😉

Una meta que queremos lograr es solo un sueño; ponernos “manos a la obra” para alcanzarla, la convierte en un objetivo”

Ya hablé sobre cómo alcanzar nuestro sueños en mi post “La importancia de marcarse hitos”, que te recomiendo releas😉, pero hoy quiero darle una “vuelta a la tortilla” con la teoría de los 6 pasos.

La web www.habitualmente.com nos habla de 6 pasos que hemos de dar tanto si deseamos eliminar o incorporar un hábito. Esos hábitos pueden ser cosas aisladas (comer sano) o hitos conjuntos (los que se necesitan para montar una empresa).

Creo que están tan bien pensados que no voy a cambiar ni una coma de su planteamiento (aunque sí voy a ampliar su desarrollo).

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Como ya he dicho, lo importante es tener claro qué queremos cambiar porque sin identificar nuestro objetivo, no podremos dirigirnos hacía él de forma óptima – conocer dónde está la meta es lo que permite a un corredor alcanzarla.

Pongamos el ejemplo, ahora que estamos en tiempo de “buenos propósitos”, de que queremos quitarnos esos “kilillos” que nos hemos echado encima durante la Navidad y para ello necesitamos comer de forma saludable (nuevo hábito).

Ahora, recordemos que la motivación es fundamental si no queremos desfallecer. Debemos encontrar,  dentro de nosotros, respuesta al “para qué lo hago”, en vez de “por qué lo hago”: lo importante no es el “por qué” (para adelgazar) sino el para qué (para sentirme mejor).

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Cuanto más concreto sea el objetivo, más fácil es cumplirlo. No vale con decir, “quiero comer sano”, sino que hemos de definir un objetivo específico (o varios) como, por ejemplo, “hacer un desayuno sano y completo todos los días”.

Marcarnos objetivos concretos que podamos visualizar, y no solo esbozar, hace más fácil que lo cumplamos. Dichos objetivos deben ser alcanzables a corto plazo (inferior a 3 meses) porque marcarnos metas demasiado grandes o la largo plazo (superior a 1 año) suele llevar a la desmotivación.

Volviendo al ejemplo, si quisiéramos perder 25 kg, es más fácil ponernos metas más pequeñas – perder cinco kilos cada vez- que podamos alcanzar cada poco, que ponernos una única meta que nos llevará muchos meses lograr (con el cansancio general que ello ocasiona).

Además, yo recomiendo escribir sobre papel nuestro objetivo y leer(nos)lo en voz alta de. Lo primero nos permite describir de forma clara nuestra idea – llevar nuestros deseos al papel, obliga a poner nuestros sueños en contacto con la realidad- y lo segundo, ayuda a que nuestro cerebro interiorice nuestras intenciones. La psicología manda.

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Para lograr llegar a nuestra meta, además de crear unos hitos que podamos cumplir y que nos conduzcan a nuestro objetivo, debemos planificar cómo lograrlo: hemos de crear una(s) circunstancia(s) que beneficie(n) nuestro objetivo.

En el caso del hábito de “desayunar de forma saludable a diario” nuestro plan de acción podría ser:

  • Elaborar una lista de la compra con productos saludables que consumir y adquirirlos
  • Eliminar nuestro alcance (al menos, el más inmediato) aquellos productos que hemos de evitar comer
  • Hacer un plan semanal con lo que desayunemos cada día y tenerlo a la vista.
  • Etc…

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La razón por la que nos despertamos al as 06:45 cada mañana para ir a trabajar es porque nos ponemos el despertador; la agenda del Outlook, con sus recordatorios, evita que nos olvidemos de enviar a final de cada mes el resumen de actividad a nuestro jefe…

Generalmente, para hacer una cosa que nos cuesta o de la que no tenemos hábito, necesitamos un “recordatorio”. Con el tiempo, cuando dicho hábito se perpetúe en el tiempo, con múltiples y constantes repeticiones, terminará no siendo necesario dicho “recordatorio” pero al principio, es fundamental. Este “recordatorio” puede tener mucha formas.

En el caso del “desayuno saludable” puede servir de recordatorio el dejar, la noche antes, preparadas las cosas del desayuno: de este modo veremos los productos que vamos a consumir (o parte de ellos) al entrar a la cocina. En el caso de que el nuevo hábito sea ir a correr por la mañana, podemos dejar preparada la ropa de correr junto al a cama.

 

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Ya hablaba hace unas líneas de los “hitos”. Los hitos son pequeñas metas que hemos de alcanzar para ir avanzando hacia nuestro objetivo, así que para saber si vamos en el “buen camino” hemos de ir chequeando si los estamos cumpliendo. Podría valer hacer un chequeo mental, pero, especialmente al principio, es muy bueno que sea por escrito.

Apuntar cada día lo que hemos desayunado con la nota de “OK” o “No OK” dependiendo si lo hemos hecho bien o no, nos ayuda a ver visualmente nuestro resultado.

Nuestro cerebro procesa mucho mejor la información “visual” que la “no visual”, por lo que es importante escribir lo qué hacemos y ver cuántos “OK” y cuántos “No OK” hay en nuestra “hoja de ruta”.

Ponerlo por escrito evita que nos podamos esconder tras excusas (solemos minimizar nuestros errores para sentirnos mejor) y, sobre todo, nos permite chequear cuándo hemos fallado y por qué (no había previsto la compra, había sobras de la cena a la vista, me levanté con ganas de un capricho…) a fin de solventarlo.

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Todos necesitamos incentivos para animarnos a continuar con nuestros propósitos; estos incentivos nos sirven de premio cuando logramos alcanzar cada pequeña meta.

Puede ser un chocolates con unos churros para desayunar cuando llevamos 15 días desayunando sano o una masaje relajante cuando hemos aprobado un examen. En el caso de una dieta o aprender un idioma, ir comprobando pequeños avances continuos también son válidos como incentivos (pues producen satisfacción), aunque no deben sustituir a los premios “de verdad”.

En resumen…

6 habitos

La teoría de los 21 días

A estos 6 hábitos que hemos explicado hay que añadirle la “asiduidad” o, lo que es lo mismo, el repetirlo de forma constante. No estamos hablando de querer lograr algo de forma puntual o temporal, sino de adquirir un hábito que perdure en el tiempo… y a este respecto tiene mucho que ver la neurología y psicología.

William James, psicólogo estadounidense de finales del siglo XIX, afirmaba que “nuestro cerebro tiene la capacidad para incorporar nuevos hábitos pero que no cede de inmediato, sino que necesita 21 días para acostumbrarse a ellos e incorporarlos a nuestra rutina”. Estos 21 días son los mismo que tardamos a acostumbrarnos a cualquier cambio físico impactante, ya sea cambiar a negro nuestro pelo rubio o dejar de sentir un miembro que nos ha sido amputado (lo que se llama el efecto del “miembro fantasma”).

Nuestro cerebro necesita una media de 21 días para modificar nuestra actividad neuronal y crear nuevos patrones que nos permitan actuar de forma natural”. William James.

Esta teoría de los 21 días no es, en realidad, una verdad absoluta porque en la práctica se ve afectada por las características de cada persona, del reto y las circunstancias. Y además, se suele requerir, en la mayoría de los casos, una fase de refuerzo de otros 21 días, para establecer en firme el nuevo hábito.

Otras teorías complementarias

Hay teorías complementarias que afirman que más allá de estos 42 días que hemos mencionado (21 días para crear un hábito + 21 días para reforzarlo), se necesitas 20-30 días más (66 días de medía) para lograr convertir ese nuevo hábito en una rutina definitiva.

En resumen…

La teoría de los 21 días nos servirá, en cualquier caso, de parámetro para ir evaluándonos (si cumplimos o no con esa nueva acción) y, sobre todo, comprobar que:

  • El hábito es cada vez menos forzado (se han creado patrones mentales nuevos)
  • Necesitamos menor fuerza de voluntad para llevarlo a cabo (estamos incorporándolo a nuestra rutina)
  •  Lo echamos en falta (aunque sea un poquito) cuando nos lo “saltamos”.

Según la diversas teorías existente, lo que está claro es que estaremos mucho más cerca de lograr nuestro objetivo si superamos la barrera de los 21 días (el índice de abandono es mayor en plazos inferiores) y que podemos identificar como rutina natural cualquier hábito que llevemos repitiendo con asiduidad durante una media de 66 días.

¿Quién se atreve a probarse a sí mismo que puede lograr su objetivo? Yo ya he empezado… dentro de 21 días os cuento, jeje.

Esther Morillas

 

 

 

 

Comunicación transparente: la oscuridad de los “eufemismo”

El otro día paseando por el centro de Madrid llegue a una tienda VIOLETA que es, para quien no lo sepa, una división de MANGO para tallas grandes. Como consumidora regular que soy de MANGO, entré por curiosidad.

Yo suele usar en ropa una XL, según el patronaje, y muchas veces en MANGO no encuentro mi talla. No soy pequeña ni mucho menos: mido 1,74 y peso unos 78 kg. Pues en VIOLETA resulté usar una M. Obviamente, las tallas son en sí misma una herramienta de marketing. La ropa de VIOLETA es más cara pero te hace sentir mejor porque reconozco que usar una M me gustó y encima la ropa me sentaba de maravilla. La propia dependienta, de echo, me lo dijo, “sí, los patrones de VIOLETA sientan muy bien a las mujeres “curvy”…”

“¿¿¿¿curvy????” Me eché a reir y la dependiente se quedo de “cartón piedra”, sin saber que decir…

Lo reconozco, odio los eufemismos y si resultan ser anglicísmos (como si no tuviesemos en español términos sinonimos), todavía más.

Yo se que la gente usa eufemismos porque no quiere ofender. Se piensa que usando una palabra que signifique lo mismo pero que no sea tan “transparente”, se es más elegante. Yo no estoy de acuerdo. La elegancia o la ofensa está en la intención, no en las palabras que usamos.

De echo, es precisamente el tabú que rodea a ciertas palabras lo que hace que tengan connotaciones negativas. Y de eso tenemos la culpa todos – ¡Hay que cambiar el chip!

En una sociedad donde lo que se exalta es la delgadez, estar gordo es un estigma. Y, ojo, que no digo gordo de obeso mórbido, que hay muchos grados de gordos… los hay “un poquito” gordos, gorditos, gordos, muy gordos, gordísimos… pero todos suenan mal. No es como decir “un poco” delgada, delgada o delgadísima… que eso suena bien siempre.

La palabra gordo incluye acepciones negativas que no lleva “per se” ¡se las damos nosotros! Y el hecho de evitar usarla lo empeora porque crea un tabú en torno a ella que la hace parecer más “oscura”… pues ¡ya está bien! yo abogo por usarla. De hecho, tanto la he “pensado” que hasta a empieza a gustarme!😉

“Sí, a las gorditas nos sientan mejor estos patrones” le dije a la dependienta de VIOLETA.

“No, mujer, no estas gordita. Eres “curvy”…” me dijo ella un poco apurada, pues no quería ofender…

“Pues lo mismo que yo he dicho (guiño)…. No pasa nada… En España estamos gordos, … curvy en todo caso son las Kardashian” Me reí y la dependienta se rió conmigo. Quitar hierro al asunto, resta “turbiedad” al término y permite pronunciarlo sin sensación de culpa.

Pero, vamos, que “gordo/gorda” no es el único término tabú que tenemos. Es como decir que una persona negra es “de color”… ¿de color de qué? ¿del color del chocolate puro? Una persona negra es negra – de raza negra – y no hay nada malo en ello. Ser negro, desde el punto de vista de la comunicación, es malo cuando quien lo dice lo hace para ofender o lo hace con verguenza o culpabilidad, pero el término en sí es tan puro como cualquier otra palabra.

… o “maricón” – y mira que a mi no me gustan las “palabrotas” ¿sabeís cuantos homosexuales usan ese término sin tener connotaciones negativas? En cambio el heterosexual que lo usa suele hacerlo,  cuando no es para ofender, con verguenza, con un “uy, se me ha escapado”. Homosexual, vale…. pero ¿¿¿gay??? ¿Es que en inglés suena mejor? Pues eso porque no nos paramos a pensar en el origen de dicho término americano… en fin…

Pero no nos vamos a cuestiones sordidas (como para mí son las palabrotas)… ¿Cuantas palabras nos dan verguenza, miedo o coraje de usar y las evitamos? Los niños con Sindrome de Down son “especiales” (como si no fueran especiales todos los niños), los enanos (me refiero a la gente con enanismo) son bajitos… Cuando se quiere normalizar una situación (como son los proyectos de integración) se ha de empezar por normalizar los términos, usarlos sin vergueza y llamando a las cosas por su nombre… para que dejen de ser un tabú.

¿Y el término “gitano”? ¿Qué tiene de malo decir que una persona es gitana, si pertenece a dicha raza? Yo tengo un amigo marroquí que es, ademá de divertido, muy inteligente… y la inteligencia le hace estar “a años luz” de mucha gente. Cuando alguien se refiere a él como “marroquí” – pues es el único de su entorno que lo es-  él responde “moro, por favor… para los desconocidos son marroquí pero para los amigos soy moro” y se rie. ¡Pues claro! ¿Por qué debería ser la palabra “moro” un insulto si la mente de quien pronuncia no lo piensa? El término moro no se inventó con un trasfondo negativo… ese velo oscuro se lo damos los “usuarios”.

Insisto que las palabras no son buenas ni malas: son solo palabras. Quienes las convertimos en algo negativo somos nosotros al tratarlas como tabús que hay que evitar, sustituyéndolas por eufemismos que, sí, pueden ser más “politicamente correctos” pero hacen un flaco favor a todo el mundo.

Ciao!

Esther Morillas

Nos vemos en un rato corto.

Jo, me han echado la bronca unos cuantos… y no sin razón! Os tengo abandonados pero es que la vida no me da de sí. Hace unos meses me pasó algo que me cambió la vida profesional y estoy en una etapa en la que no puedo escribir.

Un blog es casi un hijo, es algo que nace de tí,  que cuidas y mimas para que crezca y sea cada vez un poco mejor… depositas en él mogollón de ilusiones! Así que el parar de escribir es de verdad muy doloroso. Después de casi dos años de presencia semanal (mínima), me da pena llevar sin escribir… ¿cuanto?… ¡¡¡¡6 semanas!!!! Buffff…

No puedo escribir porque el remolino (casi huracán) en el que estoy inmersa no me deja centrarme y escribir algo decente. Y a mi, no me gusta “la paja”: o escribo algo que me parece de vuestro interés o mejor no escribo.

Los sabios hablan porque tienen algo que decir. Los necios, porque tienen que decir algo”. Proverbio popular.

Llevo semanas negándome a mi misma que estoy “abandonando” uno de mis blogs pero el tiempo me esta demostrando que, de alguna manera, ya lo he hecho. Lo malo de pararse, es que reanudar la marcha es muy complicado. Preguntádselo a un corredor: uno abandona la carrera, no cuando deja de correr, sino cuando mentalmente se ha rendido.

Podría decir que las 24h al día no me dan para escribir. Podría decir que la inspiración no me llega. Podría decir que el nuevo curso escolar (y los millones de deberes que mandan a los niños) me tienen copado el tiempo libre. Podría decir muchas cosas. Pero la verdad es que lo único que me gustaría explicaros es que no encuentro nada que decir a la altura de lo que el blog se merece. Así que prefiero ser “sincera” con vosotros (y conmigo misma) y parar.

Yo tenía un amigo que decía eso de que “mejor irse cuando a uno le echan de menos, que irse cuando le echan de más”. Buen consejo.

Esto no es un “adios”… es un “hasta pronto” porque si mañana encuentro en mi cabeza algo que encienda mi “bombilla”, vendré corriendo a contároslos. Lo mismo un día, quien sabe si dentro de un mes o un año, comparto algo en el blog… puede ser algo aislado o el comienzo de un nuevo periodo fructifero😉 ¡Quién sabe! En cualquier caso, mi deuda hoy era despedirme y dar una explicación.

Si necesitáis algo de mi, sigo estando a vuestro disposición en www.esthermorillas.es, facebook, twitter y en mis otros hijos “pintacaras.wordpress.com” y “recetascasivegetarianas.wordpress.com” donde de momento sigo presente.

Un beso muy grande… y nos vemos en un rato corto!

Esther Morillas

La clave para el triunfo profesional: “Mente sana en cuerpo sano”

La semana pasada estuve ingresada en el hospital. No se trataba de un accidente (gracias al cielo) sino una intervención que llevaba meses planifica. Llevo desde hace 15 años una protesis en un oído y esta se había desplazado, disminuyendo mi audición… así que tocaba pasar por quirofano… o hacerme con una trompetilla😉

Lo bueno de la operación, además de recuperar audición (espero), es que tuve dos días para descansar. Ser trabajadora por cuenta ajena, autónoma, madre y ama de casa no suele dejar tiempo al aburrimiento ni al descanso.

Cuando una persona tiene tiempo para descansar, tiene tiempo para  pensar y hablar con una misma – algo que me encanta aunque no suelo hacerlo tanto como me gustaría.

El caso es que estuve haciendo un repaso a cómo había cambiado mi vida en los últimos años, cuando decidí acercarme a la alimentación vegetariana.

Mens sana in corpore Sano

No soy vegetariana porque consumo proteína animal aunque esta no supera el 15-20% de mi ingesta diaria. Tampoco consumo leche, que he sustituído por bebidas vegetales.

Relax! No voy a usar el blog para convenceros de os hagáis vegetarianos😉 principalmente porque soy contraria a adoctrinar sobre nada en esta vida… pero si os animo a todos a que aprendais a “escuchar” a vuestro cuerpo respecto a qué necesita y qué no.

Una alimentación sana es la base de una estado óptimo, tanto físico como psíquico. Precisamente dicho estado de bienestar es imprescindible para poder trabajar con energía y constancia. Lamentablemente, muchos trabajadores, especialmente los autónomo, nos olvidamos de todo lo que no tiene que ver con nuestro negocio… y luego vienen los “bajones”, el estrés físico y mental  y complicaciones varias.

Por ello, mi humilde consejo (sobre todo si eres emprendedor y estas “atacado todo el día”, esclavo del “24 horas no son suficientes”) es que no descuides tu bienestar.

Muchas veces os he dicho que enamorarnos de nuestros sueños y proyectos es la energía que necesitamos para lograr éxito… pero se trata, obviamente, de una afirmación metafórica. Bajamos los “pies a la tierra”, tenenemos que admitir que lo que en realidad nos da energía, literalmente hablando, son unos hábitos de vida saludabl como son dormir bien, hacer deporte y llevar una alimentación sana y completa.

Yo no soy nutricionista (aunque me apasiona el tema a raíz de cambiar mi alimentación) pero si me gustaría “cotillearos” algunos alimentos que son muy buenos para la memoria y el cerebro, nuestra principal herramienta de trabajo.

Nuestro cerebro requiere para funcionar, principalmente, glucosa (presente en carbohidratos, en general), proteínas (de origen animal o vegetal), vitaminas (sobre todo B, C y A), minerales (especialmente hierro, potasio y calcio) y grasas (monoinsaturadas como el Omega 3 y Omega 6).

¿Qué alimentos mantienen sano nuestro cerebro?

  • El agua. Estar hidratado es fundamental para que todos los mecanismos de nuestro organismo se desarrollen de forma óptima. Trabajad con una botella (¡de cristal!) al lado y bebe cada poco!!!
  • Aceite y agucate. Ricos en acidos gasos monoinsaturaos que son necesarios para la extructura nerviosa.
  • Cereales. Son fuente de glucosa, minerales y aminoacidos. Entre ellos, es destacable la avena y las semillas de chia o salvia hispanica.
  • Plátano. Es una fuente importantisima de potasio, fundamental para nuestro cerebro y nuestros musculos.
  • Frutos rojos. Tienen un alto poder antioxidante, lo que retrasa el envejecimiento celular.
  • Verduras verdes (brocoli, espinacas, berros, etc). Tienen niveles alto de vitamina C, A y B y minerales como el hierro, potasio y calcio es elevado. Los famosos batidos verdes que vemos tomar a las famosas en las revistas son, además de una moda, bebidas muy saludable.
  • Frucos secos. Ricos en proteínas y omega 3.
  • Huevos. Ricos en vitamina B
  • Pescado azul. Este tipo de pescado contiene acidos omega 3, fundamentales para regenerar la materia gris del cerebro y de las membranas celulares.

Lo que entra por los ojos…

Al margen de lo nutricional, una de las cosas que me fascinan de la comida vegetariana es que suele ser muy atractiva por su colorido, especialmente si se trata de verduras crudas. Claro está que depende de la cocinera porque “chaforotas” los hay en todos los sitios… pero os invito a que visitéis una de mis webs favoritas de comida vegetariana: Tarjeta de embarque.

batido-espinacas-frambuesas-heva rollitos-de-calabacin-crudiveganos-heva

sandwich+de+remolacha    guacamole    helado+de+yogur+con+moras

(Imagenes sacadas de Tarjeta de Embarque)

No solo tiene recetas sanas y riquísimas sino que las fotos son ¡espectaculares! No en balde, su autora (Heva), es fotógrafa culinaría ¡Como no iba a enamorarme algo que conmbina a la perfección arte, gastronomía y salud! Os la recomiendo totalmente!!

Un beso!

Esther Morillas

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¿Bueno, bonito y barato?

A ver… que yo se que la publicidad es muy importante. Pero también es cierto que a veces nos confunde. Gracias a muchos anuncios nos creemos que es posible unir en el mismo punto lo “bueno (satisfación), bonito (calidad) y barato (precio)”… pero, lamentablemente, casi nunca es posible sin arriesgarnos a no recibir lo que esperabamos.

Es cierto que encontrar equilibrio entre calidad y precio es fundamental para prosperar en los negocios pero la crisis a desatado una batalla feroz por conseguir el precio más barato, aun a costa de la calidad y la efectividad. Cuando se comparan presupuestos solo suele hacerse mirando los datos que acompañan al símbolo “€”… y nos olvidamos de lo más importante: lograr la satisfacción del servicio.

Por ello, muchas empresas, llevadas por la necesidad de vender, han abaratado sus productos / servicios hasta caer en la baja temeraria. ¿Qué es eso? Pues es el temido recorte en calidades. A ver… si todo el mundo vende el producto A a X€ ¿puede alguien venderlo a la mitad? Sí, pero recortando en calidad o en servicio. En igualdad de condiciones, nunca sería posible.

No es que lograr un buena compra sea imposible pero si es cierto que, como clientes, exigimos muchas veces “lo imposible” y ellos obliga a muchas empresas a caer en la picaresca de vender “gato por liebre”…. y la culpa, no pocas veces, es de los clientes.

Queremos comprar a “dos duros”  pero luego nos quejamos si no obtenemos la calidad deseada (aunque esta sea una kimera). Yo he visto a gente quejarse en el burguer porque las patatas estaban aceitosas o en el primark porque los botones estan cosidos con “un hilo”…. vamos a ver, precio muy económico implica ciertos recortes que, seguramente, en un restaurante con 1 estrella Michelín o una boutique de alta costura, no existirían.

Obviamente se puede encontrar un punto intermedio entre lo “bonito, bueno y barato” o, lo que es lo mismo, la calidad, la satisfacción y el precio… pero hemos de ser realistas.

El otro día en LinkedIn compartían la siguiente infografía creo que puede ser muy clarificadora respecto a lo que quiero explicar ¿Qué os parece?

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Por favor, tengamoslo en cuenta la próxima vez que compremos (o vendamos algo). Los clientes estamos obligados a recibir un servicio realista y sin engaño y los proveedores de servicios / producto a vender defendiendo un precio justo que no “explote” los precios del mercado. Lo contario, a la larga, no beneficia a nadie.

Hasta pronto!

Esther Morillas

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