Culpa y responsabilidad no es lo mismo.

¡Vaya semana llevamos de noticias! ¿eh? Por un lado, ha estado la coronación de Felipe VI (mira que me cuesta llamarle así) que ha sido un hecho histórico al que creo que no le he prestado la atención que se merecía, lo cual tiene delito cuando te dedicas al protocolo. Pero no me siento culpable, porque lo bueno de ser mero espectador en esta “película” es que te permite disfrutarla a “toro pasado” con la ventaja que da la perspectiva. La parte más “rosa” del asunto, ya me la chuparé a través de la prensa social o “de cotilleos” porque a mi la tele, con tanto grito que se estila, no me gusta para estos menesteres. La parte más formal, ya la he revisado a través de los medios de comunicación generalistas. Y del protocolo, ya me informan y muy bien los profesionales del protocolo institucional que tan bien han hecho su labor de retransmisión e interpretación.

Y por otro lado ¡el Mundial de fútbol! Mira que yo no soy muy futbolera pero hay que estar viviendo en otro planeta para no haberte enterado que España ha sido eliminada del Mundial. El caso es que he asistido con pena la despedida de “la roja” en el Mundial… pero no por la eliminación deportiva, si no por el sabor agrio que me causa ver cuál ha sido la reacción hipócrita de la gente: la de la calle y la de los medios de comunicación.

Hace dos semana, la selección española era brillante y lo teníamos todo para ganar “¡Todos con la roja!” pero a raíz de la eliminación, salen todos los “oportunistas” que en su día alabaron al equipo para ahora alzar la voz contra los jugadores: por no correr, por ser muy mayores… en definitiva, por perder. Y es que la lo dice el dicho…

la victoria tiene mil hijos pero el fracaso es huérfano.

Y de eso quiero hablar hoy: del fracaso, de cuando nos equivocamos, de cuando no acertamos y todos nos miran por encima del hombro, con cara de recriminación.

¡Qué vergüenza!

Y es que ya lo he comentado en otro post! Estamos educados para solo reconocernos en el éxito. De niños, cuando lo hacemos bien, nuestros padres nos colman de besos, palmas y abrazos… pero cuando lo hacemos mal (cuando un niño se hace pis encima, mete las manos en el plato de lentejas o lanza la merienda al aire solo), nos regañan, nos castigan…. o incluso, lo ocultan como si fuese algo vergonzoso (anda que no habrá quien oculte que su hijo se hace pis de noche!). Y en eso nos hemos convertido: en adultos con miedo al fracaso. De “boquilla” todos asumimos que el fracaso es necesario pero “de cara al escaparate”, nos sentimos insignificante y avergonzados.

Lo malo del fracaso es que es como una gota de tinta: un solo fracaso parece enturbiar toda una trayectoria por positiva que haya sido. El éxito se construye necesariamente poco a poco, paso a paso. Pero el fracaso, dependiendo del traspié, parece que solo hace falta uno para echar por tierra todo el buen trabajo previo. Y eso ha pasado con la selección española. Da igual que luzcan en la camiseta la estrella de ser los actuales campeones del Mundial, ni de todos los logros particulares que cada jugador haya alcanzado con su propio equipo: han sido eliminados del Mundial y ello los convierte en “perdedores”. Dura e hipócrita percepción.

No voy a entrar otra vez en la retahíla de que el fracaso sea necesario y que el que nunca falla (si eso fuese humanamente posible), nunca aprenderá nada. Tampoco voy a entrar en la importancia de asumir los fracasos personales por aquello de que vivir es como montar en bicicleta:

para mantener el equilibrio y avanzar no  hay que dejar de pedalear nunca.

Mi post lo dedico a una cuestión que ha llamado poderosamente mi atención y que ha sido el uso repetitivo de la palabra “culpa” ¿De quién es la culpa de la derrota? ¿de los jugadores? ¿ del entrenador? ¿del sentimiento de superioridad? Puffff ¡Lo que nos gusta buscar culpables! Parece que hasta nos reconforta cuando los encontramos.

Para empezar, voy a decir que la palabra “culpa” es una palabra que no me gusta en absoluto. La culpa es un término de tradición religiosa que hace referencia a la negligencia personal, o lo que es lo mismo, la “omisión voluntaria de actuar de forma consecuente”. La culpa es lo arrastramos moralmente cuando no actuamos de forma correcta conociendo fehacientemente nuestro error: ya sea cuando pecamos, cuando defraudamos a hacienda o cuando nos quedamos con algo que sabemos que no es nuestro.

En muchos casos, la culpa tiene que ver con la imprudencia, que es lo que cometemos si actuamos sin atender a las normas que conocemos previamente, por desinterés, desidia, falta de concentración o ausencia de previsión.

En base a esto, deberíamos estar de acuerdo en que para ser culpable de algo es necesario que dicha persona lo haya hecho, como quien dice, aposta o al menos por falta de interés. Y digo yo, sin saber mucho de futbol, que no será el caso. No obstante, no estoy diciendo que estos señores (que cobran un “pastón”) no tengan responsabilidad en la elimininación… porque precisamente “responsabilidad” es la palabra que deberíamos usar y que tanto he echado en falta.

La responsabilidad es la caracteristica que cada uno tenemos (o deberíamos tener) para valorar, gestionar y decidir sobre nuestros actos, convirtiéndonos así en causa directo o indirecta, total o parcial, del resultado, ya sea éxito o fracaso. Y de la eliminación de “la roja” en el Mundial sí son responsables tanto jugadores como entrenador  y  el resto de “actores secundarios” de esta historia.

Repitamos: responsables, no culpables.

Quizá haya a quien la matización no le importe porque el resultado sigue siendo el mismo, que es lo que duele, pero la realidad es que utilizar los términos adecuados ayuda a definirnos correctamente de modo que podemos asumir mejor nuestros actos, no tanto para excusarnos o castigarnos, como para poder corregirnos, mejorar y seguir creciendo.

Al fin y al cabo, lo importante en la vida es actuar siempre de forma concienzuda (sin caer en negligencias ni imprudencias), responsable (valorando nuestras actuaciones) y consecuente (asumiendo nuestros resultados)… tanto en nuestra vida personal como profesional ¿No os parece una buena forma de vivir la vida?

¡Hasta pronto!

Esther Morillas Colaboradora de pymecom

Os recuerdo que podéis seguirme en www.facebook.com/Esther.Morillas.5 y en twitter @emorillaslazaro

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