La importancia de decir “no”.

Hay dos miedos que la mayoría de las personas llevamos grabado a fuego en el pecho: el miedo al fracaso y el miedo al rechazo. El primero, del que ya he hablado en alguna ocasión, nos impide hacer realidad nuestros sueños; el segundo merma nuestra capacidad de trabajo (debido a las interferencia en la que nos vemos involucrados) y nuestra autoestima- Hoy es un día tan bueno como cualquier otro para hablar de ello.

Todos nosotros vivimos en sociedad y, por ello, una de nuestras necesidades más básicas es la integración. Ser parte de “un grupo” es necesario para nuestra supervivencia; puede que en pleno siglo XXI ya no sea una necesidad tanto física como mental pero la realidad es que el hecho de sentirnos excluidos es una de nuestras pesadillas más recurrentes. Muchas veces se trata de un miedo inconsciente o incluso negado (si no nos sentimos en riesgo) pero la realidad es que “ahí está” para condicionar significativamente nuestra vida. Algunos de esos condicionantes son positivos y necesarios… pero otros son muy negativos.

La importancia de decir que no

Uno de estos condicionantes negativos es el no saber hacernos respetar. Es increíble cuántos de nosotros nos “ninguneamos”, de forma constante o puntual, para evitar conflictos o sentirnos aceptados. Hablar sobre esta cuestión de forma detallada no es algo que pueda hacerse en un solo post y, desde luego, yo no sería la persona más adecuada para ello pero sí me voy a arriesgar a hablar de uno de los signos de falta de auto-respeto que más me encuentro: la incapacidad para decir “no”.

¿Alguna vez habéis dicho que “sí” a algo cuando en realidad queríais decir “no”? Yo sí. Supongo que todos en algún momento de nuestra vida. La verdad es que hay ocasiones en que hacer sacrificios o ceder es necesario, incluso sano para nuestra convivencia, pero no ser capaces de negarnos jamás a hacer lo que nos piden es un problema que termina creando baja autoestima y un gran resentimientos hacia nosotros mismos y los demás.

Establecer nuestro propios límites y saber hacerlos valer es fundamental para tomar el control de nuestras decisiones. No obsante, se trata de un hábito muy complicado de adquirir de adultos si de niños nos han educado a decir siempre que “si” y ser obedientes “sin rechistar”.

Los niños y el “no”

Generalmente, al niño que cuestiona o intenta sobrepasar los límites preestablecidos se le considera un “niño malo”: automáticamente es recriminado y/o castigado por padres o educadores. Claramente hay que educar a los niños dentro de unas normas ya que estas son fundamentales para su desarrollo emocional y social pero también hay que enseñarles a que sean críticos y luchen por lo que crean correcto y/o justo. Enseñar ambos valores a la vez es una tarea muy complicada porque existen múltiples puntos de “fricción”. Lo sé porque soy madre ¡pero nadie dijo que educar a un hijo fuese sencillo!

Y no solo les educamos para que obedezcan a los mayores, sino que les inculcamos que si quieren ser aceptados por los amigos, deben ceder ante el resto niños en muchas ocasiones que no deberían: “Si te pide la pelota y le dices que no, no va querer ser amigo tuyo”, “Si no le acompañas, no va llamarte más”…  La mayoría de padres que conozco solemos usar la “ley del embudo” con nuestros hijos: si un niño pide un juguete a nuestro hijo le decimos “déjaselo, hay que compartir” o “ve! si no juegas con él, no va a querer ser tu amigo” pero cuando media hora después es el otro niño quien no deja el juguete al nuestro y este viene llorando no le decimos que “el otro niño se está portando mal” sino que le justificamos: “El juguete es suyo, así que si no te lo deja, no puedes hacer nada”o “si no quieres jugar, no te enfades, no puedes obligarle”. En resumen, les enseñamos que para ser “bueno” cuando le piden, él debe dar, pero si cuando pide él, no se lo dan, debe aceptarlo ¿De verdad es esto lo que queremos que hagan de adultos?

mafalda

A mí me costó aprender la lección. Quería que mi hija fuese “buena” y, ya de paso, evitar un enfrentamiento con otras mamás. Pero hace tiempo que se acabó. Un día, las amigas de mi hija la pedían que jugase a un juego; hacía falta un mínimo de jugadoras para jugar. Mi hija se negó y yo la dije “Anda! Juega! Si no vas a jugar, no a querer ser amigas tuyas” y ella me dijo “Mama, no quiero jugar a ese juego. Ellas no mandan. Prefiero no ser su amiga” La verdad es que me dejó “a cuadros” y la dije que, por supuesto, no tenía que jugar si no quería. Estuve pensando toda la tarde en el incidente y por la noche, al ir a acostarla, la dije que sentía haberla presionado; que los amigos son aquellos que te quieren aunque a veces no hagas lo que ellos quieren y que me sentía muy orgullosa de ella.

Los niños deben aprender a establecer relaciones respetuosas con los demás ¡y con ellos mismos! si queremos que de mayores actúen del mismo modo.

Nuestra relación con los demás: roles y actitud

Al margen de cómo hayamos sido educados de niños, no hay nada que con esfuerzo no podamos aprender de adultos. Lo primero que debemos hacer es eliminar de nuestra mente ideas como que “decir siempre que sí nos hace más amables” o que “negarnos a una petición es de mala educación”. Cuando pensamos en otros, la lógica nos dicta que nunca se debe aceptar un compromiso que no deseas (o puedes) cumplir solo por un convencionalismo social pero cuando se trata de nosotros mismos, nos entran los miedos -malditos miedos-.

En la vida hay lobos, ovejas y pastores. Los primeros son especialistas en “aprovecharse” de los demás, los segundos en dejarse “avasallar” por todos y los terceros en “controlar” su vida. Se que resulta un símil exagerado y muy plano (pues habría mil matizaciones que hacer) pero sirve de ejemplo gráfico.

La figura del “lobo” representa al típico “jeta” que sabe aprovecharse de la gente. Su principal objetivos son aquellos a quienes saben poder imponerse por miedo a las repercusiones, por miedo ser excluido o por su mal entendido sentido de la educación. El único interés que tienen es el suyo propio y su capacidad de empatía es muy limitada.

La figura del “pastor” se corresponde con alguien que sabe tomar el control de su vida, la cual vive de forma coherente según sus derechos y obligaciones.

Las “ovejas”  son las personas que siempre hacen lo que las ordenan o lo que creen que los demás esperan de ellas. Son excesivamente empáticas e inseguras… y con no demasiada autoestima.

…Y no nos olvidemos de los peores de todos: los “lobos con piel de oveja”. Son personas manipuladoras que nunca demuestran de frente sus intenciones. Parecen personas que actúan de buena fe pero, en el fondo, solo buscan su propio beneficio.

Lobo con piel de oveja

¿Con que animal de identificas tú? Si te sientes un poco “oveja”, no te preocupes… estas a tiempo de convertirte en “pastor”.

Cortesía y asertividad

Aprendamos dos mantras y repitámonoslos hasta la saciedad:

Nuestra vida es nuestra y solo nosotros podemos manejarla.

Nadie que merezca la pena y nos aprecie dejará de estar a nuestro lado por hacer valer nuestros derechos.

Trabajar la autoestima no es algo en lo que pueda orientaros pero quizá si os pueda ayudar en otras cuestiones que pueden facilitar decir que “no” sin sentiros (demasiado) mal.

Para empezar, hay dejar de pensar que decir que “no” es descortés. En realidad, la descortesía no es un “contenido”, por decirlo de alguna manera, si no un “continente”: no se trata tanto de lo qué se dice, sino de cómo se dice. Podemos decir que “no” y ser educados; una cosa no quita la otra.

Hay tres cosas que nos hacen corteses: decir “gracias”, “lo siento” y sonreír. Si te piden un favor y no quieres o puedes hacerlo, úsalas: “Gracias por pensar en mi pero no puedo ocuparme de organizar la fiesta” o “Lo siento mucho pero estoy muy ocupada”. ¿Os parecen frases descorteses? A mi tampoco.

Las explicaciones, las justas. Por una lado, debemos convencernos que dar explicaciones es una opción, no una obligación. Por otro lado, cuando damos demasiadas explicaciones corremos el riesgo de enredarnos con nuestros propios argumentos y terminar aceptando sin darnos cuenta.

Nunca hacen falta demasiadas explicaciones. Los enemigos no las creen, los ignorantes no las entiendes y los amigos no las necesitan”

El silencio también puede ser un gran aliado. Cuando expongamos nuestro razonamiento, nos callamos. Punto. Podemos quedarnos sonriendo o seguir con lo que estábamos haciendo, ignorando de alguna manera a la otra persona, pero ¡prohibido llenar el silencio con “palabrería”! Sé que es complicado, y puede que incluso incómodo, pero recordemos que “en boca cerrada, no entran moscas”.

silencio

Otra cosa importante a la hora de mostrar cortesía es ser asertivo o, lo que es lo mismo, actuar de forma serena y objetiva. Si hay algo que convierte nuestra respuesta en maleducada es hacerlo de forma sarcástica, tensa o atacando a la otra persona: “No puedo hacerlo ¿Qué te piensas? ¿Que yo no estoy ocupada?” o “Claro que puedo ayudarte, me lo llevo a casa y lo hago en vez de dormir”; un sencillo “Lo siendo, no puedo ayudarte. Estoy muy ocupada” transmite el mismo mensaje verbal pero de forma mucho más convincente y educada. En caso contrario, seguramente nos arrepintamos y nos veamos en la oblicación de pedir disculpas e, incluso, para remendarnos, terminar haciendo aquello a lo que nos negábamos inicialmente.

No vernos con fuerzas para decir que “no”, muchas veces es solo falta de practica. Una forma de practicar, para que nos pille de improviso cuando llegue el momento, es practicar frente al espejo frases “comodín”  que nos sirvan en un futuro: “Me gustaría mucho, pero en este momento no me puedo comprometer”, ” No puedo hacerlo pero si existe otra forma de ayudar házmelo saber”, “Me temo que no puedo ayudarte esta vez. Por favor, ocúpate tú”… La práctica hace todo mucho más fácil.

Comunicación no verbal

Todos tenemos a un actor dentro que puede sacarnos de muchos aprietos. No hablo de actuar de forma engañosa sino de apoyar nuestras palabras con aquellos gestos que nos hagan más convincente. Si nos enfrentamos a un “lobo” y transmitimos inseguridad o miedo, insistirá hasta conseguir su objetivo.

Lo primero, como ya hemos visto, es sonreír… pero nada de sonrisas forzadas, risas nerviosas o dientes apretados porque transmite tensión e inseguridad. La sonrisa debe ser leve y serena, sin ir acompañada de ruiditos ni risa.

Cuando sonreimos, los ojos también deben sonreir. Ya dice el dicho que “los ojos son el espejo del alma”: si nuestra mirada no acompaña a nuestros labios, nuestra sonrisa transmitirá falsedad, ironía o sarcasmo.

Como veíamos en mi post “Manos que hablan por sí solas”, las manos son una de las partes del cuerpo que más apoyan nuestro mensaje cuando hablamos. Por ello, es importante cuando declinamos una petición, no hacer nada que transmita inseguridad como sería jugar con los dedos u otros objetos (papeles, bolígrafo, etc), tocarnos la cara o el pelo o hacer movimiento nerviosos.

Además, podemos reforzar la franqueza de nuestro mensaje mostrando las palmas de la mano al hablar o mostrar determinación si optamos por dejarlas hacía abajo.

Para transmitir seguridad, la postura de nuestro cuerpo debe ser natural, sin forzar. Lo mejor es que mantengamos la postura que teníamos antes de iniciar la conversación con la otra persona pero si la cambiamos, debemos relajarnos un poco, nunca adquirir tensión. La espalda debe estar recta sin arquear, los hombros relajadas y los brazos sueltos (o sobre la mesa), sin cruzarlos por delante del tronco ni colocarlos sobre la cadera “en jarra”, pues ambos casos nos nos hacen parecer poco receptivos o en “alerta”

Y para terminar, lo más importante, hay que mirar a los ojos ¡Nada de dejar la mirada perdida, buscando moscas en la pared o piedras en el suelo! Mirar a los ojos es una muestra de interés hacía la otra persona y transmite seguridad y franqueza. Evitar los ojos de quien te habla es una falta de respecto además de que nos hace parecer “infantiles”.

¿Tenéis espejo en casa? Pues, hala, a practicar cómo decir que “no” usando la comunicación de vuestro “cuerpo serrano”… y ¡que se preparé el próximo “lobo” que quiera aprovecharse de vosotros!

¡Hasta pronto!

Esther Morillas

Colaboradora de pymecom

Os recuerdo que podéis seguirme en www.facebook.com/Esther.Morillas.5 y en twitter @emorillaslazaro

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