Coser y cantar, todo es empezar

Voy a empezar el post de hoy contándoos que tengo las yemas de los deditos rotos de coser. No, no es que me haya puesto a hilvanar sábanas o remendar calcetines, no. He estado cosiendo unos folletos. ¿Coser folletos? Sí, se trata de un trabajo de imagen corporativa al que queríamos dar un aspecto hand-made (o artesano, que es más castizo)  y claro ¡me he inflado a coser lomos de folletos con la presentación de la empresa! Es lo que tiene trabajar sola, que no compartes ni lo bueno ni lo malo (especialmente lo malo, porque para eso nunca hay voluntario). Pero bueno, la verdad es que termina resultando muy gratificante cuando logras el resultado que buscabas… y la parte mala se olvida. Ya lo dice mi padre, lo bueno-bueno, siempre cuesta, y si no cuesta nada, es que no es tan bueno. Ahí queda eso!

La verdad es que últimamente está en auge todo lo artesano o hand-made. No sé si es por haberse popularizado el scrapbooking o porque la crisis obliga en algunos casos. Las técnicas craft (que es la forma “fina” de llamar a la artesanía y que equivale a su traducción al inglés) puede abaratar algunas fases de la producción de artículos en general, y papelería en particular, aunque también es cierto que en otros casos, lo que se ahorra en materias primas se lo gasta uno en mano de obra; no es lo mismo encender una maquina y que te corte e imprima 500 tarjetas que hacer todo a mano. El acabado no es mejor ni peor, todo depende de la imagen que quiera transmitir la empresa. Lo que está claro es que la papelería de empresa hand-made aporta un toque cuidado, personalizado, incluso ecológico que puede ser muy beneficioso para algunas empresa… pero también es verdad que los acabados son menos perfectos o elegantes entre otras cosas porque precisamente de eso se trata: que cada tarjeta, caja, etiqueta o folleto sea un poco distinto a todos los demás.

scrapbook

El tema de la papelería DIY para uso profesional es muy interesante y amplio y prometo que hablaré en profundidad el próximo día pero hoy voy a hablar de la encuadernación. Como os decía, he estado cosiendo lomos de libritos (bueno, en realidad folletos de 12 hojas) porque para este trabajo elegimos usar una encuadernación japonesa. Este tipo de encuadernación no es la única que existe, de hecho las más habituales son:

Encuadernación a caballete. Es el tipo de encuadernación que suelen llevar los periódicos. Las hojas en realidad son pliegos más grandes que se doblan sobre sí mismos y se juntan para formar librillos. Puede ser que no lleven ningún tipo de grapado (por ejemplo, el ABC), que lleven grapas (la mayoría de los periódicos), que estén cosidos (generalmente con puntos pequeños), que lleven fastener o tornillos, o que lleven gomas o cuerdas. Esta forma de encuadernas solo en viable para un número de hojas no muy elevado.

caballete cosido fastener

Encuadernación en rústica. Es la que llevan los libros. Cuando el número de hojas es elevado, no es viable grapar o coser las hojas porque no se sujetan o tienden a abrirse aunque pusiéramos tapas duras debido a que no existe un lomo suficientemente sólido. La encuadernación rústica puede ser a la americana o fresada que es cuando los pequeños grupos de hojas se unen sin más y pegan con cola o rústica cosida cuando se usa un cosido para unir las hojas, con la posibilidad de además añadir cola para dar más solidez al encuadernado.

rustica cosida y fresada

cosido

Encuadernación con wiro o canutillo. Es el tipo de encuadernación que solemos hacer para presentar trabajos de clase o documentos internos en las empresas. No obstante, si la cuadernación está bien diseñada puede tener su aplicación totalmente profesional. Se hace con un canutillo o espiral que aúna las hojas que previamente se han perforado. Cuando este canutillo es plástico se llama tal cual pero cuando es metálico se le llama wiro (que se puede pronunciar /guairo/ como en inglés o /güiro/ que es su pronunciación castellanizada). El wiro puede estar a su vez cubierto con una tapa y, en este caso, se le llama wiro canadiense.

wiro canadiense

encuadernacion_canutillo  wiros

Encuadernación japonesa. Es la menos habitual porque el manipulado es más complejo y por lo tanto, suele ser más costoso… y es la culpable de haberme borrado parcialmente las huellas digitales. Se trata de una encuadernación cosida con hilo continuo creando un diseño más o menos complejo. El acabado es bastante artesanal como merece algo que se denomine japonés (tan cuidadosos ellos con los detalles). En este tipo de encuadernación la portada (generalmente, más dura que el resto de hojas) está hendida (tiene marcado un pliegue) para facilitar abrir el libro.

japones japones4 japonesa2 japonesa3

Es importante que cada empresa defina qué quiere lograr y que haga un buena inversión (que no implica necesariamente mucho dinero) en su papelería corporativa porque “solo hay una primera oportunidad para causar una buen impacto”. La papelería corporativa hablará de la empresa cuando el comercial no esté delante. ¿Qué queréis que vuestra papelería cuente de vosotros? Pues imprimid dicho mensaje en vuestro logotipos, vuestros folletos, vuestras tarjetas de empresa… Igual de importante que es no escatimar en la papelería, también es muy importante que la empresa asuma su capacidad económica y se ajuste a su presupuesto… pero, eso sí, nunca haciendo chapuzas (que es lo que suele lograrse en un 95% de las veces que se eligen ofertas en la que ofrecen lo mismo que el resto de profesionales pero a un 20% de su precio medio de mercado) ni regateando hasta la extenuación a los profesionales que hacen el trabajo.

Respecto a las chapuzas, es importante que los empresarios y autónomos incorporen a su vocabulario  (y lo tengan muy presente) el término baja temeraria. ¿Qué es baja temeraria? Pues lo que decía antes, obtener algo que vale 100€ a 10€. Obviamente, un buen negociante sabrá buscar la mejor oferta pero esa “oferta perfecta” no debe basarse en el precio sin más, sino en el precio respecto a la calidad de los materiales y el trabajo. Preguntaros porque un precio es mucho más barato que el que os dan el resto de colaboradores ¿será que el resto de los profesionales son unos “piratas”? ¿o será que en esta opción se escatima en “algo”? Porque claro, luego somos muy rápidos a la hora de reclamar… pero no es lo mismo lo que le puedes reclamar a un chuletón en Arzak que a un Bic Mac en Mcdonald (sin desmerezer a la hamburguesa) ¿Os imagináis pedir una hamburguesa en un restaurante fast food y reclamar que la carne no está al punto o si la salsa te resulta pesada? Entonces, quien compra 500 tarjetas corporativas a 25€ ¿Por qué cree que va a  tener cabida una reclamación respecto a la calidad del papel o el acabado de la impresión? No es que no tenga derecho, que lo tiene, sino que quien va a comer unos nuggets al Burguer debe asumir que no va a encontrar en su plato (perdón, bandeja), pollo ecológico de corral y quien compra unas tarjetas a un precio irrisorío, no va a recibir un papel de alta calidad ni una impresión elegante. Nadie da duros a pesetas.

Respecto a regatear, ¿que puedo decir? Supongo que como profesionales, todos tenemos clientes que piden descuentos: los hay que los piden rara vez, los hay que los piden a veces y los hay que los piden siempre. Por principio, yo soy poco amiga a hacer descuentos, porque, al final, dar un descuento es reconocer que el margen comercial que aplico a mi producto está inflado (puesto que tengo margen para reducirlo y, aún así, seguir siendo rentable) pero además es que muchas veces implicar perder beneficio (a veces ya mínimo), arriesgar los procesos o trasladar a mis colaboradores o suministradores la presión para que se “aprieten el cinturón” en una época en la que los cinturones ya están más que ajustados. Es verdad que cuando hablamos de grandes cantidades es más fácil lograr algún tipo de descuento porque mayor volumen de material prima suele reducir los costes… pero a mi me han llegado a pedir descuento para hacer 200 tarjetas de lo más sencillas.  Alguna vez hasta me resulta ofensivo porque ya nadie aprecia (y menos quiere pagar) el trabajo profesional  “¡400€! ¡Pero si eso me lo puede hacer mi hijo en casa con su ordenador!”…. “pues nada señor” me gustaría decirle “vaya a que se lo haga su hijo y no me haga perder el tiempo”…. porque el proceso de pensar y presupuestar también me cuesta y nadie me paga por ello.

Además, clientes del mundo, como profesional puedo decir que  pedir constantemente descuentos ocasiona que cada vez que esa persona o empresa pida un presupuesto, lo reciba “inflado” porque se sabe de sobra que, a continuación, va a pedir “su descuento”. Nadie en tonto ¡Y el diablo menos!

Bueno chicos y chicas, pues hasta aquí mi post de hoy: 40% formativo / 60% reivindicativo. Es lo que tienen las bitácoras personales…

Hasta pronto!

Esther Morillas

Colaboradora de pymecom

Os recuerdo que podéis seguirme en www.facebook.com/Esther.Morillas.5 y en twitter @emorillaslazaro

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