Aceptando errores: Borrar o no borrar, he ahí la cuestión

Hace un par de semanas me encontré un caso curioso: uno de los blogs que sigo desde hace bastante tiempo borró una entrada. Parece ser que era una entrada donde se juzgaba el branding de otra web (no doy nombres porque no es relevante para el caso). Para quien no lo sepa, se llama branding al proceso de crear e implementar una marca, dándola un estilo, unos valores y una filosofía propia. El caso es, que el blog que sigo debió hablar sobre lo mucho que se parecia el otro sitio (copia / plagio) y ello desató un montón de críticas. No se si ciertamente la entrada era inapropiada o fueron los comentarios los que no eran acertados porque, como decía, la blogger optó por borrar el post y no pude leerlo; solo leí sus disculpas a través de una red social. La eliminación del post causó también gran revuelo.

Soy consciente, sin entrar en lo acertado o no del post, que todos nosotros tenemos dentro un crítico feroz y que muchas veces somos hirientes y poco empáticos a la hora de hacer una crítica: se nos olvida usar la netetiqueta (cuestión de la que ya hable en mi post Normas y usos para participar en foros). No obstante, tengo que decir que yo jamás borraría una entrada. Los bloggers hemos de asumir que no vamos a gustar a todo el mundo, que mucha gente no estará de acuerdo con nosotros y que cuando nos equivoquemos (cosa que seguro haremos en algún momento) tendremos que asumir las consecuencias. Si no somos capaces de aceptarlo, mal vamos!

Si nuestro blog funciona nos leerá mucha gente y, como dice mi padre (aunque suene soez, es un gran frase) “las opiniones son como los culos, cada cual tiene uno”. Asumamos que el mismo derecho de expresión que tengo yo como blogger, lo tiene cualquier usuario de Internet que me lea.

Como en la vida real, las cosas que decimos pueden obtener una respuesta negativa. Lo bueno es que en Internet, el botón <DELETE> o <SUPR> puede borrar casi todo. No obstante, ¿debemos borrar aquellos “capítulos de nuestra vida virtual” que creemos que nos perjudican?

Yo creo que cada uno somos lo que hacemos y decimos y, por ello, es imprescindible ser responsables y coherentes con nuestros actos: ignorar (o borrar) el pasado no es una opción válida “a priori”.

La única forma de aprender es equivocándonos: NO sabemos – nos equivocamos – rectificamos – aprendemos – SÍ sabemos”

Ya he hablado muchas veces antes sobre la necesidad de equivocarse así que ¿Por qué deberíamos borrar nuestros errores? Está claro que serán incómodos y puede que en algún momento vuelvan a salir a la luz pública (es lo que tiene Internet) pero hemos de ser capaces de enfrentarnos a ellos: no siempre con orgullo, casi siempre con humildad, pero sin tenerles miedo. Hemos de tener la prudencia de pensar dos (y tres) veces las cosas antes de decirlas, escribirlas y hacerlas… pero una vez dichas, escritas o hechas, hemos de aceptarlas. Casos hay miles, repito, y puede que en algunos caso sea mejor hacer “borrón y cuenta nueva” pero serán los menos.

Yo, en el caso que comentaba al principio  (aún faltándome mucha información), hubiese optado por escribir un post matizando aquellas cuestiones que quisiera aclarar o simplemente pidiendo disculpas. Puede que sacase el post “polémico” del listado cronológico del blog pero sí dejaría un link a él, colgado de mi carta aclaratoria o de disculpas. No solo me serviría de recordatorio para no volver a “pisar esa piedra”, sino que sería una prueba de que no tengo miedo a aceptar mis errores ni de asumir las consecuencias. La responsabilidad y coherencia nos hace mejores profesionales.

Luego está el tema de pedir disculpas o no, dar expicaciones o no… en fin, meterme ahí también es un “berenjenal” porque cada caso es único… pero en general diré que “lo cortés no quita lo valiente” o, lo que es lo mismo, que pedir perdón no nos hace más débiles ni peores profesionales, aunque tampoco hemos de excedernos a la hora de dar explicaciones:

No hay que dar excesivas explicaciones: Los amigos no las necesitan. Los enemigos no las creen. Los necios no las comprenden”.

Y de todo este lío que hablaba al principio ¿Qué es lo que deberíamos aprender? Pues que la comunicación escrita es terriblemente complicada y fácilmente “malinterpretable”. Cuando no podemos acceder a la  comunicación no verbal de nuestro interlocutor (gestos, movimientos, miradas…) ni escuchar la entonación de sus palabras, lo más seguro es que interpretemos en base a nuestro estado de ánimo, experiencia y prejuicios… lo que puede modificar radical al mensaje inicial ¡Es como el juego del “teléfono estropeado”!

Por ahí he leído una cita que dice “Me hago responsable de lo que escribo pero no de lo que entiendas”.  Me parece una gran frase pero también es una afirmación que hay que matizar porque a todos nos afecta, y mucho, la opinión de los demás ya que en ella se basa parcialmente nuestra reputación. Por ello, si no queremos que malinterpreten nuestras palabras escritas:

  • Evitemos ironías, sarcasmos, dobles sentidos y el humor “enrevesado”, salvo en los casos que esté justificado.
  • Leamos el textos varias veces antes de publicarlo o enviarlo de forma definitiva, especialmente si responde a un situación que nos ha resultado irritante o estresante. Revisar nuestras palabras en frio, cuando nos hayamos calmado, aporta otra perspectiva y seguramente nos haga expresarnos de otro modo.
  • Hagamos un ejercicio de empatía, pongámonos en el lugar de nuestro público a la hora de leer. Si tenemos idea de quién nos lee, podremos expresarnos de forma más clara y respetuosa.
  • Escribamos de forma asertiva, madura y profesional. Evitando los juicios de valor innecesario y sin atacar gratuitamente.
  • Si nos sentimos atacados, distinguir si nos atacan a nosotros o a nuestros actos. No hagamos personal algo que puede no serlo. La mayoría de los ataques personales no tienen más fin que hacer daño y es mejor ignorarlos. En cualquier caso, recordemos que la libertad de expresión aplica a todos.
  • Si nos equivocamos, aceptemos nuestro error y pidamos disculpa sin buscar excusas ni intentar ocultar los hechos. Errar es humano, no?

En fin… y con esto y un bizcocho, ¡Hasta el próximo lunes a las ocho ;)!

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom

Podéis seguirme en Facebook y Twitter

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s