Hablando en público ¡Conviertete en el ponente que siempre has querido ser!

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Comunicación para Dummies

Ayer me pasó algo que no suele ocurrirme: estuve en una presentación (de esas con diapositivas) y el power point era i-n-c-r-e-i-b-l-e. Lo normal es que las presentaciones sean más densas que leer la “Odisea” en braille pero este no era el caso. Esta presentación era estéticamente muy atractiva, el mensaje estaba muy bien diseñado y se seguía con facilidad. La pena es que el ponente exponía como una autómata ¡R2D2 hubiese sido mucho más expresivo que él!

A ver… imagino que estaba nervioso; quizá era su primera vez. Intento ser benévola con los ponentes porque yo lo soy muchas veces y no siempre tengo un buen día. Además, sé lo que es enfrentarte a tus primeras presentaciones (yo lo pasaba realmente mal) o encontrarte con un público “duro” con quien no eres capaz de conectar. No quiero hacer “leña del árbol caído”.

En general, hay tres formas de estropear una presentación:

1.- Una mala presentación

>>Monótona, densa y/o con un diseño desagradable.

Ya os hablé sobre cómo realizar una presentación ágil y atractiva en mis posts “Presentaciones efectivas (I): Una imagen vale más que mil palabras” y  “Presentaciones Efectivas (II)” .

2.- Un mal discurso

>>Un “speech” mal enfocado, diseñado o desarrollado.

También os hable sobre cómo desarrollar discursos efectivos en mi post “Tres consejos para desarrollar discursos efectivos”.

3.- Una mala ponencia

>>Con un ponente que no transmita de forma óptima su discurso…  ¡que es de lo que vamos a hablar hoy ;)!

Albert H. Mehrabien, profesor emérito en psicología de la Universidad de Los Angeles (UCLA) afirma que cuando nos comunicamos, nuestro mensaje se compone de un 7% de comunicación verbal, un 38% refiere al tono y volumen de nuestra voz y el 55%, a nuestro lenguaje corporal. Es decir:

Más importante que lo que decimos es cómo lo decimos

Scanned Document

La comunicación verbal es una forma de comunicación compleja que tarda bastante tiempo en causar efecto (varios minutos, dependiendo de nuestro discurso) pero el tono de nuestra voz y el mensaje que transmite nuestro cuerpo tiene un tiempo de impacto inferior a 1 minuto. Y, precisamente, solo tenemos esos 60 segundos para conectar con nuestra audiencia; durante ese cortísimo trance, nuestro público se “hace una idea” de cómo somos y deciden, inconscientemente, si van a prestarnos atención o no. Obviamente no se trata de algo concluyente al 100% pero nos será más difícil “enganchar” a nuestro público si su predisposición inicial hacia nosotros es negativa.

La mejor forma de controlar nuestra comunicación (tanto verbal como no verbal) será la experiencia pero como siempre tiene que haber unas primeras veces, aquí van 5 claves para hacerlo lo mejor posible:

Consejo 1: Sonríe

sonrisa

La sonrisa es la más sencilla y natural de las formas de conectar con la gente. Todos estamos más predispuestos a atender a alguien que sonríe antes que a otra persona con el gesto serio o crispado. Además, la sonrisa aporta veracidad a nuestro discurso: tendemos a creer a la gente afable.

Al sonreír, los músculos de nuestra cara adoptan una postura que obligan a relajar el tono y el volumen de nuestra voz. ¿Habéis intentado gritar y sonreír a la vez? Es complicado. Si sonreímos mientras hablamos, nuestra entonación será más agradable y cercana.

Por otro lado, la sonrisa tiene un efecto muy positivo en nuestro estado de ánimo: si sonreímos, nos relajamos y sentimos mejor ¡algo fundamental para desarrollar nuestra ponencia de forma óptima!

Cabe hacer hincapié en que la sonrisa debe ser global: hay que sonreír con la boca y los ojos; lo contrario transmite ironía y tensión. Nada de dientes apretados ni ruiditos (risitas nerviosas o forzadas) que trasladarán sensación de nerviosismo a nuestro discurso.

Podéis leer más sobre la importancia de la sonrisa en mis post “¡Sonría, por favor!”  y “Sonrisas que alimentan el alma”.

Consejo 2: Mantén el contacto visual

Mirar a los ojos de la gente no solo transmite interés en ellos, sino que aporta franqueza, fiabilidad y seguridad a nuestro discurso. Difícilmente convenceremos de nada, si no hablamos mirando “de frente”.

Pocas cosas causan peor impresión que conversar con alguien que en vez de mirarte a los ojos, mira al suelo, al cielo o a las musarañas. Hay que añadir que tampoco se mira de arriba abajo (resulta ofensivo) ni a ninguna parte de la anatomía distinta al rostro (es insultante). Obviamente, en una ponencia con mucho público no podremos mirar a los ojos de todo el mundo, pero sí es importante dirigir nuestra mirada hacia el público – implicándoles en nuestro discurso – e ir yendo de unas caras a otras (de forma tranquila y herrante) para enganchar de forma personal a parte de los presentes. Si no hubiese mucha gente, habría que intentar mirar a todos en algún momento.

Consejo 3: Controlar el volumen, ritmo y respiración.

altavoz

Cuando hablemos en público, es importante que lo hagamos de forma pausada y con un volumen medio /alto. Ello nos da autoridad y transmite seguridad sobre nuestro mensaje. Hemos de cuidar no elevar excesivamente el volumen de nuestra voz pues al gritar nuestro tono resulta molesto, además que puede resultar intimidante o, incluso, insultante. Si no se nos oye bien, ¡nada de gritar!: usaremos un microfono.

Es importante aprender a hablar de forma clara, vocalizando correctamente las palabras, en un volumen apropiado a la sala y la cantidad de gente que escucha y a una velocidad que hagan entendibles nuestras palabras. Yo tiendo a “embalarme” cuando hablo (mi velocidad habitual suele ser rápida) por lo que intento hablar sin micrófono, si la acústica del local y cantidad de gente lo permite: tener que hablar alto, me obliga a hablar más lento (es más fácil “lanzarte” cuando hablas con un volumen medio/bajo).

Mantener una respiración completa y pausada ayuda a hablar de forma tranquila y entendible; si nos falta el aire, nuestro discurso será cada vez más ahogado y confuso. Cuando respiramos de forma inversa (inspirando por la boca, en vez de por la nariz) corremos el riesgo de que se nos seque la boca ¿Os habéis quedado alguna vez con la boca seca? Pufff ¡Cómo cuesta hablar! Por ello, es importante tener a nuestra disposición un vaso o botella de agua.

Beber agua durante nuestra ponencia nos permite refrescarnos (a veces, los focos de los escenarios dan mucho calor), humedecer la boca si está seca e hidratarnos sobre todo si estamos nerviosos. Además, beber agua es una forma estupenda de hacer pausas durante el discurso. Yo suelo diseñar en mis discursos “esos” momentos en los que haré una pausa para beber, de modo que no solo aseguro mi hidratación (a veces, estoy tan metida en mi “charla” que me olvido de todo), sino que además puedo usar dichos lapsus para crear expectación sobre lo siguiente que voy a decir o dejar tiempo a mi audiencia para pensar: de ahí que mis pausas para beber sean justo antes de dar un mensaje importante (cosa que he anticipado para generar atención) o después de lanzar una pregunta al público.

Consejo 4: Mantén una postura corporal erguida y abierta.

Como decíamos en el consejo anterior, respirar correctamente es fundamental para hablar (y pensar) con claridad y ello solo es posible si mantenemos una postura correcta. Una postura erguida y con el pecho abierto hace que nuestros pulmones funcionen de forma óptima. Cuando la disposición de nuestro cuerpo es forzada, nuestros músculos están tensos lo que hace que psicológicamente también lo estemos. Además, recordemos que nuestro tono se ve afectado por como coloquemos los músculos de nuestro rostro (y de los otros aparatos fonadores) y difícilmente lograremos sonreir de forma creíble si estamos en tensión.

Tener la espalda recta y los hombros abiertos (todo lo contrario a estar “encogido”)  transmite seguridad y franqueza, términos muy repetidos porque son fundamentales para resultar creíbles como ponentes.

Antes de una ponencia, sobre todo si estamos nerviosos, es bueno hacer algo de ejercicio moderado. Si no podemos, al menos debemos hacer algunos ejercicios de relajación y estiramiento. Tomarnos nuestro discurso MUY en serio es la única forma de tener éxito.

x ejercicios de relajaciónejercicios de relajación 2

Consejo 5: Muévete con naturalidad.

Hay quien durante una ponencia prefiere estar sentado; hay quien prefiere quedarse de pie junto al portátil; otros caminan y caminan por el escenario. Cada ponente debe hacer lo que le resulte más cómodo pero sin irnos a los extremos. Si andamos, nuestro movimiento debe ser moderados – ¡sin andar correr como “Spidy González” por la tarima!-. Si decidimos estar quietos, hemos de mover nuestros brazos, manos y cabeza con naturalidad, para no resultar tensos y artificiales.

Movernos al ritmo de nuestro discurso da agilidad a nuestra ponencia, hace que el púbico centre su atención en nosotros (un objeto en movimiento capta más atenciónque otro estático) y puede ayudarnos a dar énfasis a aquellos mensajes más importantes.

Cuando hablamos en nuestro “día a día”, usamos las manos para dar información complementaria o hacer hincapié en nuestras palabras. Sin embargo, mucha gente cuando habla en público las elimina de su mensaje, dejándolas “muertas” en los bolsillos o paradas sobre la mesa. ¡Error! No usar las manos en absoluto  resta naturalidad a nuestro mensaje y transmite tensión. La manos sirven para resaltar las frases o ideas relevantes, para señalar al público a modo de llamada de atención o para dar ritmo a nuestro discurso (haciento un chasquido o una palmada, por ejemplo). Las manos son una gran herramienta de comunicación que no debemos desaprovechar, como ya os comenté en mi post “Manos que hablan por si solas”.

Espero que estos cinco consejos os sirvan de mucho la próxima vez que tengáis que hablar en público. ¡Ya me contaréis!

Hasta el próximo lunes.

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom

Podéis seguirme en Facebook y Twitter

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