Descubre qué es la “indefensión aprendida” y protégete de ella.

Hoy voy hablaros de una cosa que se llama síndrome de la “indefensión aprendida”; no es algo propiamente relacionado con la comunicación (si es que algo en la vida no lo estuviese) pero creo que es muy importante conocerlo porque es una de esas “sombras” que pueden  impedir nuestro crecimiento personal, social y profesional… y ya sabeís lo que me gusta a mi hablar del crecimiento profesional, sobre todo de mis pequeños emprendedores.

La primera vez que oí hablar del término “indefensión aprendida” fue a través de un video al que llegué por casualidad en You Tube, donde una profesora inducia a parte de sus alumnos en dicha situación. Manipular es mucho más fácil de lo que creemos: todo es cuestión de “engañar” a nuestro cerebro.

Unas pinceladas previas…

Nuestro cerebro funciona basándose principalmente en nuestras experiencias por lo que interpretamos como real o posible aquello que nuestra experiencia avala. No tienen que ser experiencias propias (vividas en nuestra propia persona) sino que vale con que las hayamos oído o leído de una fuente fiable (por ejemplo, nuestros padres) o que podamos deducirlas de experiencias previas (si el cuchillo corta la fruta, también puede cortarnos un dedo).

El concepto ‘indefensión aprendida’ fue acuñado en la década de 1960 por el psicólogo Martin Seligman, después de realizar un (cruel) experimento con perros. Dentro de una caja de laboratorio, un perro era expuesto a shocks eléctricos que no podía evitar. En otra caja, había otro perro sí que podía interrumpir esos shocks pulsando una palanca. Más tarde, los perros eran situados sobre una superficie electrificada de la que podían escapar simplemente saltando una barrera muy baja. El perro que había podido controlar los shocks saltaba y se libraba de las descargas, mientras que el otro perro, en lugar de intentar huir del dolor, permanecía aguantando las descargas de manera pasiva: había “asimilado” su indefensión y las aceptaba como inevitable.

La indefensión aprendida en las personas…

Del mismo modo, las personas que viven una experiencia adversa sin  tener éxito a la hora de buscar una salida, terminan aceptando que no tienen ningún control sobre el resultado, se resignan a su destino y pierden la capacidad lucha: aprenden a “ser” indefensos. Podemos ver casos de “indefensión aprendida”, por ejemplo, en el caso de parados de larga duración “Para que voy a ir a la entrevista si no me van a coger tampoco esta vez” o de forma mucho más dramática en casos de tortura.

Pero no hace falta que no vayamos a casos lejanos o hipotético: tenemos un claro caso de indefensión aprendida en las situación social y política que vivimos actualmente en nuestro país. Los ciudadanos nos hemos acostumbrado a los recortes, a las subidas de impuestos, a la perdida de derechos e, incluso, ¡a la corrupción! – “es lo que hay”, “todos son iguales”, “no podemos hacer nada”-.

Nos hemos habituado a la adversidad, aceptando que es inevitable, sin tomar ningún acción activa al respecto. Obviamente, este aprendizaje no es algo espontáneo sino orquestado. Si bien es cierto que la “indefensión aprendida” se puede producir de forma accidental a nivel individual, cuando afecta a un grupo de personas se trata más probablemente de una acción planeada; al fin y al cabo, la “indefensión aprendida” es una herramienta de manipulación muy potente.

No voy a entrar en política (no es el blog para ello) pero podéis leéis un artículo muy interesante sobre la actual “indefensión aprendida” en el artículo “¿Por qué no reaccionamos antes de injusticia?”.

Otros efectos negativos…

Según Manuel Rivero Pérez (@rivero_prez), la “indefensión aprendida” conduce a “un escenario preocupante porque la sensación de falta de control sobre los resultados, desmotiva a la hora de emprender nuevas estrategias o ideas y cuando surgen iniciativas de cambio, suelen frustrarse al mínimo atisbo de problemas”.

Uno de los efectos que puede acompañar a este síndrome es la autoinculpación.

La autoinculpación es el proceso que nos lleva de sentirnos víctimas, a sentirnos culpables. Se trata de un mecanismo del cerebro para encontrar una razón a esa adversidad que no tiene (o parece tener) justificación. Cuando deducimos que la culpa (parcial o total) está en nosotros, asumimos ser merecedores de lo que nos está pasando.

En algunos casos incluso se ve acompañado del “síndrome de Estocolmo”  con lo que no solo nos sentimos responsable de la adversidad sino que aceptamos como válidos los argumentos de quien nos causa el daño (si hubiese un sujeto causante). El efecto directo en ambos casos es que perdemos la capacidad de crítica y de lucha. ¿Por qué criticar o luchar contra algo de lo que somos culpables o con lo que estamos de acuerdo?

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Ilustraciones de Manel Fontdevila

Rivero además afirma la existencia de los otros daños colaterales:

  • El déficit de actuación
  • La falta de aprendizaje
  • El perdida de atención

El déficit de actuación se produce al asumir que no está en nuestra mano cambiar el resultado – ¿Para qué actuar si no vamos a conseguir nada?-. Ello perpetúa que el individuo no salga de ese estado que le está perjudicando porque para obtener un resultado distinto, tendría que actuar de forma distinta (cosa que no tiene capacidad de hacer). Esta falta de actuación causa las siguientes dos deficiencias:

La falta de aprendizaje: al no actuar nunca de forma distinta a la habitual, no tenemos posibilidad de aprender cosas nuevas que nos permitan encontrar una solución a nuestros problemas.

La pérdida de atención: si actuamos siempre según una misma rutina, terminamos funcionanado de forma automática, sin prestar atención a los detalles. La cuestión es que estos detalles podrían ser “salidas” que no aprovechamos, en un primer momento, por no prestarles atención y, al cabo del tiempo, por haber perdido la capacidad de identificarlos.

La indefensión aprendida nos convierte no solo en personas manipulables, sino que nos transforma en individuos sin capacidad de crítica y réplica (por el sentimiento de culpa), pasivos (por la falta de actuación), apáticos (por la falta de aprendizaje) y resignados (por la falta de atención)”

Existe remedio a la “indefensión aprendida”

Lejos de querer transmitir un mensaje negativo, mi pretensión es que todos identifiquemos el problema para protegernos de él cuando “lo veamos venir”. Además, la “indefensión aprendida” se puede DESAPRENDER, ya sea solo o con ayuda de otras personas (amigos, familiares, psicologos, etc).

Nada en la historia de la humanidad se ha mantenido inalterable a lo largo de los siglos ¿Por qué lo que “me pasa ahora” sí debería serlo? Las personas tenemos dentro de nosotros todo lo que necesitamos para crecer; no es fácil pero es posible. Solo hemos de asumir que el poder de cambiar empieza por cada uno de nosotros.

No podemos pretender cambiar el mundo si no cambiamos nuestra realidad más inmediata, empezando por nosotros mismos.”

En cualquier caso, como “más vale prevenir que curar”, es fundamental educar a las próximas generaciones para que tengan herramientas para luchar contra estos aprendizajes nocivos. Es importante enseñar a los niños a valorarse, a confiar en sus propias capacidades, a ser críticos con todo y todos, a luchar por lo que creen justo y a no darse por vencidos jamás: la resignación es el principio del fin de cada pequeño (o gran) sueño.

Un saludo y hasta la próxima semana.

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom.

Podéis seguirme en Facebook y Twitter.

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