Van un chino, un frances y un español… ¿Qué define cada nacionalidad?

Siempre estoy embarcada en alguna novela. Leer me ayuda a conciliar el sueño y por eso siembre hay un libro en mi mesilla de noche… aunque suele pasar bastante tiempo en ella porque no soy de las que se enganchan y le da la una de mañana leyendo: a mi en quince minutos se me “caen los ojos”. Creo que el libro que más rápido leí fue “Seda” (de Alessandro Barico) que tarde unas dos-tres semanas en leer (a pesar de tener poco más de 100 páginas) y el que más he tardado en leer, “Azteca” (de Gary Jennings) que con más de 1100 hojas me tuvo entrerenida varios meses (¿exageraría si digo que fueron nueve meses?). Mi comercial de El circulo de lectores no se va a forrar conmigo, la pobre….

El caso es que ahora mismo estoy leyendo “Come, reza, ama” de Elizabeth Gilbert. En uno de los capitulos de la primera parte, uno de los personajes de la historia le dice a la protagonista que existe una palabra que define a cada país y que si uno no se sientes identificado con dicha palabra, es que no está totalmente integrado (sentimental y culturalmente). La palabra para Italia era sexo; no sé que pensaréis los dummies italianos al respecto.

El caso es que me pareció muy curioso. Y me dio por pensar qué palabra podría resumir la esencia de España. Es complicado encontrar una sola palabra que defina a un país; hacer sencillo lo difícil siempre lo es. Creo que si fuese un verbo, el verbo que definiría a nuestro país sería “disfrutar”; si fuese un sustantivo, sería “risa” o “felicidad”; y si la palabra fuese un adjetivo, sería “expresiva”. ¿Qué pensáis?

Si ciertamente los términos “disfrutar”, “risa”, “felicidad” y “expresiva” definiesen a España, también definiría a la mayoría de los españoles (y extranjeros “españolizados”) y a nuestra forma de comportarnos. No creo que seamos un país especialmente competitivo (como puede ser Japón) ni materialista (como puede ser algunos países centroeuropeos) pero sí uno donde disfrutar del sol (que tan presente está casi siempre), los amigos y la familia es fundamental para ser feliz. O puede que yo lo vea así porque es mi forma de ser y de interpretar mi realidad más inmediata. ¿Qué opináis?

Recuerdo que hace unos diez años (¡madre mia, como pasa el tiempo) hice un proyecto sobre la comunicación, protocolo y negociación entre 10 países latinos (tanto del continente europeo como americano) donde quedaban reflejadas las diferencias y similitudes, tanto puramente profesionales como sociales. Creo que esta nueva perspectiva de la “palabra-definición” nacional hubiese enriquecido mi enfoque.

Si os interesa este tema, el año pasado  me leí un libro muy interesante sobre negociación en distintos países que se llama “Como negociar con éxito en 50 países”. Totalmente recomendable.

… pero, a lo que iba. La forma que tenemos de comunicarnos según nuestra nacionalidad es algo a tener muy en cuenta a la hora de negociar  y/ o mantener contactos efectivos ya que no pocas veces malinterpretamos los gestos o las formas de personas de otros países por evaluarlas desde nuestra experiencia cultural.

Hay cuatro puntos principales a tener en cuenta:

Por un lado, está el tema del contacto físico. Si nos presentan a un español y este no nos da la mano (o nos “planta” dos besos), podemos interpretar que algo “no funciona” ya que no es normal para “nosotros” actuar de forma tan distante pero si quien lo hace es un persona japonesa, no debería tomárnoslo a mal ya que ellos no tienen una costumbre tan “sobona” como la nuestra.

Por otro lado, está el espacio que dejamos entre nosotros y las otras persona. Ya os hable en mi post “Manos que hablan por si sola. Estética, próxemia y kinesia” sobre la importancia que tiene el espacio interpersonal a la hora de establecer una relación óptima. Dicho espacio no solo depende de la relación que tengamos con nuestro interlocutor (que disminuirá a mayor confianza), sino del poso cultural de cada cual: los países latinos tendemos a dejar un espacio interpersonal mucho menor que los paises del centro y norte de Europa o asiáticos donde el espacio excede con creces a la media mundial.

Como tercer punto que nos diferencia, están las expresiones y vocabulario. Hay términos que no tienen traducciones literales a otras lenguas y que pueden llevar malinterpretaciones, o palabras que en país tienen un significado determinado y, en otro (con el mismo idioma), tienen una definición totalmente distinta. Es importante pensar antes de hablar SIEMPRE pero si hablamos con una persona de otra nacionalidad ¡mucho más!

Además, a este respecto también hemos de ser conscientes que hay culturas más expresivas y efusivas que otras sin que ello implique mayor grado de implicación o empatía. Por ejemplo, los griegos expresan su estado de ánimo con muchísima mayor transparencia que los noruegos o los españoles solemos hablar con mayor efusividad y volumen que nos ingleses.

Y como última cuestión a valorar, están los hábitos sociales y profesionales, como pueden ser las invitaciones, los regalos, la puntualidad, la duración de las reuniones (incluso el número de ellas), el compromiso respecto al cumplimiento de plazos, etc.

Por ejemplo, el sentido de puntualidad es mucho más estricto en los países centroeuropeos que los meditarráneos: si unos amigos italianos te invitan a cenar, seguramente no te esperen hasta una media hora después; si son españoles, tampoco se sorprenderán si llegas con retraso (de hecho, se da por supuesto); si son alemanes, más te vale llegar a la hora (ni antes, ni después) para no ofender al anfitrión.

Igual pasa a la hora de hacer regalos: puede ser un tema recomendable en algunos países pero totalmente desaconsejable en otros (donde podría entenderse como un soborno encubierto).

Puede parecer que lo que es “normal” para nosotros, lo es para todo el mundo, pero la realidad es que todo lo que tiene que ver con la comunicación está fuertemente influenciado por cuestiones culturales que no pueden extrapolarse a la ligera. Antes de emprender acciones con otros países, es fundamental informarnos bien a este respecto si queremos que nuestro “barco” llegue a “buen puerto”.

Un saludo,

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom

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