El universo de los sencillo.

El otro día, navegando sin rumbo por Intenet (que es como suelo viajar por estas “tierras”), llegue a un blog que se llama “El universo de los sencillo”. Bonito nombre, ¿no? El autor del blog define el site como “Tu espacio de ilusión, optimismo e inspiración para crecer desde la sencillez”. Me gustó eso de “inspirar para crecer” porque, ciertamente, crecer es algo imprescindible para encontrar la felicidad.

Debería ser una obligación personal que cada cual pusiera lo mejor de sí mismo para cada día lograr ser un poco mejor. Ese “poco mejor” puede ser una cuestión ética, moral,  teórica, práctica, social, empresarial…. cada cual tiene que decidir hacía donde dirigirse (y no hace falta que sea un solo destino) pero quedarse quieto nunca puede ser una opción. Al mundo lo movemos las personas.

El caso es que leí uno de los artículos del blog que se titula “Sal con un valiente”. En él se habla sobre la importancia de encontrar a un compañer@ de viaje que apueste por nosotros con valentía. Y yo, que en el amor –gracias a Dios- me considero privilegiada, lo extrapolé automaticmente a todos esos emprendedores que luchan por su sueño. Un sueño que te haga feliz es un gran compañero de viaje ¿no os parece?

Uno se puede enamorar de una persona, de una canción, de un libro… o de un proyecto. Ya os comentaba en mi post “Soy emprendedor (…)” la importancia que tiene enamorarnos de nuestro proyecto para lograr éxito:

Ama tu proyecto. Muy difícil será poner en marcha tu idea si no te apasiona lo que vas a hacer. (…) sin ese amor te faltará “fuelle” cuando lleguen los momentos difíciles.”

Me gustaron especialmente algunas frases del blog como que “detrás de alguien que arriesga, hay alguien que ama” o que “lo importante no es ni la realidad, ni lo que hay, sino lo que podéis llegar a crear, y para eso (…) hace falta ponerse manos a la obra.”  ¿No os suena bien? A mi sí!!!! Y seguro que todos los que seáis emprendedores estaréis de acuerdo conmigo. 😉

También habla del coraje; decía que una persona con coraje no es alguien sin miedo sino alguien “con la consciencia de que hay algo por lo que merece la pena que nos arriesguemos”. Y es que cierto que cuando amas un proyecto de verdad, no te importa arriesgar. No es que lo hagas a lo loco (porque con el dinero y las cosas de comer no se juega) pero sí es cierto que los emprendedores tienen ese “punto de locura” que les permite salir de su zona de confort y apostar por algo más. Son conscientes que puede que salga mal pero no cuentan con ello (su corazón no se lo permite); empiezan “la carrera” con la certeza de que van a ganar sí o sí.

Solo hay una frase con la que no estoy de acuerdo o, si en algún caso lo estuviese, habría que matizarla muy-mucho. El autor del blog dice que “nunca verás a un valiente haciendo una lista de pros y contras”…. mmmmm… no creo que un valiente no sopese los contras sino que los pros son taaaaaaaan grandes que hacen que merezcan la pena asumir los contras. Un emprendedor con mayúsculas jamás deja que los obstaculos se instalen en su cabeza; eso sería el principio del fin.

#sabiosconsejos

Hasta dentro de siete días.

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom

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¡50 años de publicidad no es nada! – Disfruta de los mejores anuncios de TV

La Asociación Española de Anunciantes celebraba su medio siglo de vida y lo celebra haciendo un repaso a los “spots” más populares de estos últimos 50 años. Ya sabéis lo que me encanta la publicidad así que ¡cómo no iba a compartir este acontecimiento con vosotros!

La publicidad es un espejo de la sociedad. Los anuncios de los 50 y 60 seguían los cánones y temas típicos de la época; cuestiones que ahora serían impensables, por machistas o racistas, entonces eran licencias publicitarias de lo más normal: se vendían lavadoras tan potentes que volvían blancos niños negros o se mostraba una mujer cuyo único interés era atender a su marido y la casa.

A partir de mitad de los años 70, los anuncios reflejan la evolución que sufre la sociedad, en general, y el avance de la mujer hacía la igualdad, en particular. A partir de los 80 se rompen tabús (hasta entonces, no había anuncios sobre algo tan común a día de hoy como las compresas, por ejemplo) y en los 90 se empieza a usar la publicidad con fines sociales, como son las campañas sobre la transmisión del SIDA, campañas de tráfico o contra la drogadicción. A partir del s XXI, se empieza a explotar el humor y el ingenio con fines comerciales a través de la publicidad.

Por favor, acompañadme en esta excursión!

Año 1955 Colacao “Yo soy aquel negrito”

Año 1965 Soberano “es cosa de hombres”

Año 1967 Titanlux con Lola Flores

Año 1970 Coca Cola

Año 1972 Citröen

Año 1973 Donuts

Año 1979 Spot Atún Claro

Año 1983 Perlan

Año 1986 La Casera

Año 1982 Danone

Año 1989 Campaña de control de TV “Pimpín”

Año 1990 Campaña contra el SIDA “Póntelo. Pónselo”

Año 1995 Renaul Clio “JASP”

Año 1999 Fundación FAD contra la drogadicción

Año 2001 Euskatel

Año 2007 Ikea

Año 2009 Damn

Año 2011 Campofrio

Año 2014 Coca Cola

¡Madre mía cómo ha evolucionado la publicidad y cómo hemos cambiado nosotros! ¿Os ha gustado tanto como a mí? ¡Eso espero!

Hasta dentro de siete días, dummies!

Esther Morillas

Colaborador de Pymecom

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Un anfitrión como la “copa de un pino”

Esta semana voy a seguir hablando un poquito más del protocolo social pero, en vez de tratar el tema del invitado, lo haré desde el punto de vista del anfitrión. Hoy vamos a ver como  triunfar como anfitrión.

Como si de un evento más se tratase, hay cuatro cuestiones que debemoss tratar: la sala, los invitados, la comida y los regalos… pero vamos por parte!

El anfitrión y el salón

El salón debe ser lo suficientemente grande: Si queremos que nuestros invitados estén cómodos, no los “apretaremos” cual sardinas en lata dentro de nuestro salón. Habrán casos excepcionales pero, obviamente, la cantidad de invitados dependerá de la cantidad de espacio disponible.

Aunque hacer estimaciones respecto al espacio necesitamos es complicado pues depende de cuestiones difíciles de valorar aquí – como puede ser la distribución de la sala (forma, muebles, etc) o tipo de agasajo (de pies o sentados)-, podemos decir que debemos contar con una media de 2m2 por invitado. Es decir, en una salón de 20m2 útiles cogen 10 personas con comodidad. Podemos aumentar el número de invitados hasta ofrecer a cada uno 1,5m2, aunque ello siempre será a costa de restar comodidad o, cuanto menos, posibilidad de movimiento.

Es importante valorar las necesidades que van a darse si entre los invitados hay niños pequeños. Ellos necesitan más espacio para no sentirse agobiados ni molestar al resto. Igualmente ocurre, si hay sillas de ruedas o personas con movilidad reducida.

También es importante que el salón esté bien ventilado (especialmente si se va a fumar o va a haber mucha gente), bien iluminado y a una temperatura correcta – es mejor pecar de frio (sin hacer por ello que nadie coma con su abrigo puesto) que de calor -.

El anfitrión y los invitados

Por otro lado está el tema de las afinidades: cuando organizamos una comida o cena, queremos pasar un buen rato. De hecho, si recordamos en el post anterior, decíamos que lo que más valoramos en nuestro país es que no decaiga la conversación, no?? Bueno, pues ello solo es posible si hay “buena sintonía” entre los asistentes.

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Lo ideal es que el grupo que nos vaya a visitar se conozcan entre ellos previamente así tendremos la certeza de que va a haber buen ambiente. Si los asistentes no se conociesen de antes, el anfitrión debería analizar las posibilidad de que se lleven bien ya sea por tener caracteres parecidos o por compartir algo (hobbies, por ejemplo): de este modo es más fácil “romper el hielo” y que la conversación sea fluida. No hay nada más incómodo que una mesa con un silencio “espeso”.

Para terminar está el tema de la conversación: la regla dice que no se habla de política, religión o futbol. Es importante no entrar en polémicas a fin de evitar que nadie puede enfadarse o sentirse ofendido. Recordemos que el anfitrión debe hacer, llegado el caso, de moderador.

El anfitrión y el menú

Si somos un grupo numeroso, elegir un menú que satisfaga a todo el mundo es complicado ¡asumámoslo!

Si son pocos (por ejemplo, nos visita una pareja) siempre se les puede consultar sobre sus preferencias pero en caso de más personas yo no lo haría porque cada cual nos dirá una cosa y terminaremos agobiados en nuestra busqueda de acertar. Lo que sí preguntaría, si no lo sabemos con certeza, es sí alguien tiene alguna alergia.

A mí, que me gusta cocinar, suelo preparar platos distintas, repartidos entre entrantes y principal (incluyendo un plato de carne, otro de pescado y otro vegetal) para evitar que alguien se quede sin comer. Si no es el caso o no tenemos tiempo, mejor tirar de platos tradicionales que gusta a casi todos (una ensalada, algo de embutidos, unas croquetas, etc) o una comida a base de “picoteo”.

Salvo que conozcamos los gustos de nuestros invitados, es mejor huir de sabores “especiales” (p.e. coliflor), muy marcados (p.e. queso ázul), exóticos (p.e. curry) y críticos (p.e. casquería). Lo cierto es que hablar del menú (*) es complicado porque el tema gastronómico es muy variado pero si me gustaría indicar dos cosas:

  • Los sabores se presentan del más suaves a más fuertes; de esto modo, se puede apreciar mejor el sabor de los platos por no saturar nuestro paladar.
  •  Las cantidades deben ser suficiente para que nadie se quede con hambre pero no tan grande como para que los comensales terminen “hinchados” como globos. Mejor poner cantidades medianas y, en todo caso, disponer fuentes al centro por si alguien quiere repetir. Llenar demasiado un plato puede hacer sentir a alguien obligado a comérselo y que luego se indisponga.

(*) Me apunto hablar otro día del tema de la comida en los eventos porque es superinteresante. Por cierto, el dicho ese de que “dónde comen cuatro, comen cinco”, casi nunca es cierto! Invitar de más o cocinar de menos solo puede provocar que nos quedemos con hambre…

Salvo que dispongamos de personal de servicio (cosa poco común), lo normal es que los anfitriones hagan también de cocinero y camareros. Y como obviamente no podemos estar en “misa y repicando”, debemos dar prioridad a atender a nuestro invitados ¡nada de dejarlos solos en el salón como si nosotros no estuviésemos!

Los platos deben prepararse con antelación y planificar un menú que no precise de nosotros durante la visita de forma extensiva. Mejor un estofado que solo habrá que calentar en el último momento, por ejemplo, que una tempura que hay que freir justo antes de comer (y que obliga al anfitrión a estar en la cocina y no con sus invitados).

Poner la mesa es (casi) obligación de los anfitriones pero retirarla, si hay confianza – salvo ambientes muy formales-  puede ser en común. El trabajo en equipo es más rápido y no interrumpe la conversación.

En cualquier caso, sebemos ser flexibles o fingir serlo. Si un invitado insiste en ayudar, no le “ataremos” a la silla para que no nos ayude ni rechazaremos de forma tajante su ofrecimiento; podemos decir que no pero si insiste, es mejor no debatir. Del mismo modo, si alguien no se levanta para ayudar, no mostraremos malestar ya que, en principio, la norma convencional dice que el invitado no trabaja durante la comida.

No es aceptables hacer turnos para comer en una casa salvo que hayan niños, como solución al problema del espacio: la única solución si no hay espacio es invitar menos gente o buscar otro sitio que acoja la celebración.

El anfitrión y los regalos

Los regalos ¿se abren, se ofrecen, se aceptan?

La primera norma respecto a los regalos sociales es que se aceptan siempre. En el ámbito laboral pueden no ser viables por aquello de que no signifiquen una “compra de favores” pero en el ámbito social siempre se aceptan. Si consideramos que se trata de algo excesivo (por su valor, precio o lo que sea), se puede declinar “a posteriori” y en privado, nunca en público ni durante el evento para evitar molestar o crear mal ambiente.

Si nos traen algo envuelto, se abre en el momento en que nos lo dan. Las gracias se dan al recibirlo y después de abrirlo.

Si es ropa, no tenemos que ponérnosla.

Si es decoración, no hay que buscarles un sitio aunque será de agradecer que lo dejemos a la vista de los demás.

Si son flores, se ponen en agua y, si hay espacio, las colocamos a la vista del resto de invitados pero no necesariamente en el salón y mucho menos en la mesa; ojo al tema de alergias de flores y olores que pueden interferir con la comida.

Si es un dulce o postre, se ofrecerá OBLIGATORIAMENTE a los invitados durante los postres o el café.

Si es vino, NO estamos obligados a servirlo durante la comida o cena. Es importante que los vinos mariden con la comida y que estén a la temperatura adecuada. Si no es el caso, se dan las gracias y se indica que ya se proban en otro momento (incluso se puede invitar otro día a degustarlo en “petit comité”); no obstante, si el invitado insiste en servirlo (o vemos en su gesto que no le parece bien no servirlo), es mejor no entrar en polémica y ofrecerlo a los comensales, por ejemplo, durante el aperitivo o junto a nuestros vinos.

En el caso que ofrezcamos el vino durante la reunión, se sirve siempre antes que los nuestros (o a la par) y nosotros los beberemos SIEMPRE, salvo que no bebamos alcohol.

¿Me dejo algo? Creo que no!!!! Pero si os surge alguna duda, comentadla por favor!!!

Hasta la próxima semana.

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom

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¡Cualquiera de nosotros puede ser el invitado perfecto!

La semana pasada estuvimos viendo qué es lo que más valora un anfitrión cuando tiene invitados dependiendo de su nacionalidad ¿No os pareció curioso? ¡A mi mucho! Y como el tema del protocolo social me encanta (aunque hubo un tiempo en que lo aborrecía),  hoy vamos a profundizar más sobre cómo ser un buen invitado.

Como ya he dicho muchas veces, el protocolo y la comunicación son cuestiones culturales, asi que  lo que hoy voy a comentar a continuación aplica en nuestra cultura y punto; habrá cosas que se podrán extrapolar y cosa que no… ¡mucho cuidado con estas últimas!

El invitado y la invitación

Cuando nos invitan a cenar, hay que confirmar lo antes posible tanto si vamos a asistir como si declinamos la invitación. Es de muy-muy-muy mala educación que nos tengan que estar “persiguiendo” para saber si cuentan con nosotros o no. Cuanto antes demos solución a la invitación, mejor.

El invitado y la llegada

El invitado no llega al sitio donde es invitado antes de tiempo; al anfitrión le puede resultar agobiante que le pillen “a medias”. Si bien es cierto que en España no está “mal visto” el llegar algo tarde, lo ideal es llegar cinco / diez minutos después. En cualquier caso, nunca se llega con más de 30 minutos de demora y si lo vamos a hacer, debemos avisar con antelación.

El invitado y los regalos

No es necesario llevar un regalo cuando nos invitan aunque es una costumbre muy extendida.

Si se trata de un vino, se puede llevar sin previo aviso o podemos consultar con nuestro anfitrión para acertar con nuestra elección. Hemos de tener en cuenta que el vino debe pegar con la comida (maridaje) y estar a la temperatura adecuada por lo que el anfitrión es libre de servirlo o no; nos guste o no su postura, debemos respetarla.

Si se trata de un plato (postre o aperitivo), dulce (bombones) o bebida espirituosa, se consulta al anfitrión SIEMPRE y la razón es que en estos casos el anfitrión SÍ está obligado a ofrecerlo.  Además, es mejor avisar para  no juntarse con cinco postres distintos para la misma mesa, por ejemplo.

Las flores pueden ser un bonito detalle, si nuestro anfitrión no es alérgico y le gustan. Las plantas con raíz (tiesto) pueden ser un regalo bomba porque implican que luego los anfitriones la tengan que cuidar (cosa que puede no ser de su gusto).

Cualquier otro regalo (ropa, decoración, etc…) tienen “su momento”. Me explico: está bien regalar un jersey o un collar si nos invitan por un cumpleaños o llevarles un juego de copas si vamos a la inauguración de una casa, pero no tendría lógica dichos regalos en otro tipo de visita.

El invitado y el menú

Si hay algún alimento que no consumamos por alergias, afecciones (ser celiaco) u otras cuestiones de fuerza mayor (ser vegetariano), es de agradecer que se lo indiquemos al anfitrión. Enterarte que tu invitado es vegetariano justo cuando sirves en la mesa el cordero es una faena muy grande para quien ha puesto todo su empeño en agasajarnos.

Respecto a gustos particulares por la comida (no me gusta el queso, no me gusta el tomate…), yo aconsejo prudencia. Si hay algo que no nos gusta y podemos evitarla (porque la comida es “de picar”), la evitamos; si no podemos, la probamos (no hacerlo es una enorme falta de educación) y comemos un poquito – cada cual que lo justifique ante el anfitrión (si pregunta), según su conciencia y la confianza que nos una a quien nos invita-. Jamás nos negaremos a probar bocado ni forzaremos a que nos hagan otra comida distinta.

La comida este rica o no, se agradece y se toma en mayor o menor cantidad con buena cara. Nada de gestos o comentarios desafortunados. Nuestro anfitrión se ha esforzado por nosotros y, al margen del resultado, debemos pagarle con agradecimiento y respeto. El cocinero o cocinera puede criticar su plato; nosotros, nunca!!

El invitado y la sobremesa

Dos cuestiones muy importantes a tener en cuenta durante la comida y en la sobremesa es 1) la conversación y 2) el consumo de bebidas alcohólicas.

Jamás nos “enzarzaremos” en conversaciones polémicas ni discusiones evitables; no haremos nada que pueda molestar al anfitrión o a los demás invitados ni propiciaremos situaciones incómodas.

La cuestión del alcohol depende del tipo de celebración, confianza con el anfitrión y resto de invitados… y varias cosas más, pero estaremos de acuerdo que “perder los papeles” cuando nos han invitado a una casa es lo peor que podemos hacer. Cuando bebemos (de más) nuestras percepción sobre lo correcto se distorsiona y las posibilidades de “meter la pata” (respecto a nuestra actuación o conversación) aumentan. Por todo ello, el mejor consejo que puedo dar es “bebamos con moderación”…  o nada, si vamos a coger luego el coche.

El invitado y la despedida

Los invitados nos iremos cuando el anfitrión de por finalizada la cita. Hemos de ser muy respetuosos con los hábitos del anfitrión así como su familia (por ejemplo, si se trata de una cena y hay niños pequeños que deben dormir). Si queremos marcharnos antes de que el anfitrión lo diga, lo haremos indicando el motivo (estamos cansados, los niños tienen que dormir, mañana madrugo…) y no durante la cena ni antes de  disfrutar un rato de la sobremesa, salvo fuerza mayor – en cuyo caso, deberemos haber informado al anfitrión con antelación-.

Nunca seremos los últimos en irnos, si la invitación es grupal; cuando los penúltimos digan que se van, es el momento de decir que nos vamos nosotros (otra cosa es que el anfitrión insista en que nos quedemos) ¡No hagamos que nos tengan que echar!

El invitado y el agradecimiento

Insisto que el mejor agradecimiento que podemos dar a nuestro anfitrión es ser educados y amables. No obstante, dar las gracias es un bonito detalle (casi obligado) cuando nos marchamos y ¡por qué no! al día siguiente con una llamada, un mensaje, un mail o un wassap (dependiendo de la formalidad del evento)

… en fin… yo creo que ya está todo dicho, pero si me dejo algo y tenéis algo que añadir o rebatir 😉 por favor, compartidlo con nosotros!!

Hasta la próxima semana!

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom

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