Un anfitrión como la “copa de un pino”

Esta semana voy a seguir hablando un poquito más del protocolo social pero, en vez de tratar el tema del invitado, lo haré desde el punto de vista del anfitrión. Hoy vamos a ver como  triunfar como anfitrión.

Como si de un evento más se tratase, hay cuatro cuestiones que debemoss tratar: la sala, los invitados, la comida y los regalos… pero vamos por parte!

El anfitrión y el salón

El salón debe ser lo suficientemente grande: Si queremos que nuestros invitados estén cómodos, no los “apretaremos” cual sardinas en lata dentro de nuestro salón. Habrán casos excepcionales pero, obviamente, la cantidad de invitados dependerá de la cantidad de espacio disponible.

Aunque hacer estimaciones respecto al espacio necesitamos es complicado pues depende de cuestiones difíciles de valorar aquí – como puede ser la distribución de la sala (forma, muebles, etc) o tipo de agasajo (de pies o sentados)-, podemos decir que debemos contar con una media de 2m2 por invitado. Es decir, en una salón de 20m2 útiles cogen 10 personas con comodidad. Podemos aumentar el número de invitados hasta ofrecer a cada uno 1,5m2, aunque ello siempre será a costa de restar comodidad o, cuanto menos, posibilidad de movimiento.

Es importante valorar las necesidades que van a darse si entre los invitados hay niños pequeños. Ellos necesitan más espacio para no sentirse agobiados ni molestar al resto. Igualmente ocurre, si hay sillas de ruedas o personas con movilidad reducida.

También es importante que el salón esté bien ventilado (especialmente si se va a fumar o va a haber mucha gente), bien iluminado y a una temperatura correcta – es mejor pecar de frio (sin hacer por ello que nadie coma con su abrigo puesto) que de calor -.

El anfitrión y los invitados

Por otro lado está el tema de las afinidades: cuando organizamos una comida o cena, queremos pasar un buen rato. De hecho, si recordamos en el post anterior, decíamos que lo que más valoramos en nuestro país es que no decaiga la conversación, no?? Bueno, pues ello solo es posible si hay “buena sintonía” entre los asistentes.

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Lo ideal es que el grupo que nos vaya a visitar se conozcan entre ellos previamente así tendremos la certeza de que va a haber buen ambiente. Si los asistentes no se conociesen de antes, el anfitrión debería analizar las posibilidad de que se lleven bien ya sea por tener caracteres parecidos o por compartir algo (hobbies, por ejemplo): de este modo es más fácil “romper el hielo” y que la conversación sea fluida. No hay nada más incómodo que una mesa con un silencio “espeso”.

Para terminar está el tema de la conversación: la regla dice que no se habla de política, religión o futbol. Es importante no entrar en polémicas a fin de evitar que nadie puede enfadarse o sentirse ofendido. Recordemos que el anfitrión debe hacer, llegado el caso, de moderador.

El anfitrión y el menú

Si somos un grupo numeroso, elegir un menú que satisfaga a todo el mundo es complicado ¡asumámoslo!

Si son pocos (por ejemplo, nos visita una pareja) siempre se les puede consultar sobre sus preferencias pero en caso de más personas yo no lo haría porque cada cual nos dirá una cosa y terminaremos agobiados en nuestra busqueda de acertar. Lo que sí preguntaría, si no lo sabemos con certeza, es sí alguien tiene alguna alergia.

A mí, que me gusta cocinar, suelo preparar platos distintas, repartidos entre entrantes y principal (incluyendo un plato de carne, otro de pescado y otro vegetal) para evitar que alguien se quede sin comer. Si no es el caso o no tenemos tiempo, mejor tirar de platos tradicionales que gusta a casi todos (una ensalada, algo de embutidos, unas croquetas, etc) o una comida a base de “picoteo”.

Salvo que conozcamos los gustos de nuestros invitados, es mejor huir de sabores “especiales” (p.e. coliflor), muy marcados (p.e. queso ázul), exóticos (p.e. curry) y críticos (p.e. casquería). Lo cierto es que hablar del menú (*) es complicado porque el tema gastronómico es muy variado pero si me gustaría indicar dos cosas:

  • Los sabores se presentan del más suaves a más fuertes; de esto modo, se puede apreciar mejor el sabor de los platos por no saturar nuestro paladar.
  •  Las cantidades deben ser suficiente para que nadie se quede con hambre pero no tan grande como para que los comensales terminen “hinchados” como globos. Mejor poner cantidades medianas y, en todo caso, disponer fuentes al centro por si alguien quiere repetir. Llenar demasiado un plato puede hacer sentir a alguien obligado a comérselo y que luego se indisponga.

(*) Me apunto hablar otro día del tema de la comida en los eventos porque es superinteresante. Por cierto, el dicho ese de que “dónde comen cuatro, comen cinco”, casi nunca es cierto! Invitar de más o cocinar de menos solo puede provocar que nos quedemos con hambre…

Salvo que dispongamos de personal de servicio (cosa poco común), lo normal es que los anfitriones hagan también de cocinero y camareros. Y como obviamente no podemos estar en “misa y repicando”, debemos dar prioridad a atender a nuestro invitados ¡nada de dejarlos solos en el salón como si nosotros no estuviésemos!

Los platos deben prepararse con antelación y planificar un menú que no precise de nosotros durante la visita de forma extensiva. Mejor un estofado que solo habrá que calentar en el último momento, por ejemplo, que una tempura que hay que freir justo antes de comer (y que obliga al anfitrión a estar en la cocina y no con sus invitados).

Poner la mesa es (casi) obligación de los anfitriones pero retirarla, si hay confianza – salvo ambientes muy formales-  puede ser en común. El trabajo en equipo es más rápido y no interrumpe la conversación.

En cualquier caso, sebemos ser flexibles o fingir serlo. Si un invitado insiste en ayudar, no le “ataremos” a la silla para que no nos ayude ni rechazaremos de forma tajante su ofrecimiento; podemos decir que no pero si insiste, es mejor no debatir. Del mismo modo, si alguien no se levanta para ayudar, no mostraremos malestar ya que, en principio, la norma convencional dice que el invitado no trabaja durante la comida.

No es aceptables hacer turnos para comer en una casa salvo que hayan niños, como solución al problema del espacio: la única solución si no hay espacio es invitar menos gente o buscar otro sitio que acoja la celebración.

El anfitrión y los regalos

Los regalos ¿se abren, se ofrecen, se aceptan?

La primera norma respecto a los regalos sociales es que se aceptan siempre. En el ámbito laboral pueden no ser viables por aquello de que no signifiquen una “compra de favores” pero en el ámbito social siempre se aceptan. Si consideramos que se trata de algo excesivo (por su valor, precio o lo que sea), se puede declinar “a posteriori” y en privado, nunca en público ni durante el evento para evitar molestar o crear mal ambiente.

Si nos traen algo envuelto, se abre en el momento en que nos lo dan. Las gracias se dan al recibirlo y después de abrirlo.

Si es ropa, no tenemos que ponérnosla.

Si es decoración, no hay que buscarles un sitio aunque será de agradecer que lo dejemos a la vista de los demás.

Si son flores, se ponen en agua y, si hay espacio, las colocamos a la vista del resto de invitados pero no necesariamente en el salón y mucho menos en la mesa; ojo al tema de alergias de flores y olores que pueden interferir con la comida.

Si es un dulce o postre, se ofrecerá OBLIGATORIAMENTE a los invitados durante los postres o el café.

Si es vino, NO estamos obligados a servirlo durante la comida o cena. Es importante que los vinos mariden con la comida y que estén a la temperatura adecuada. Si no es el caso, se dan las gracias y se indica que ya se proban en otro momento (incluso se puede invitar otro día a degustarlo en “petit comité”); no obstante, si el invitado insiste en servirlo (o vemos en su gesto que no le parece bien no servirlo), es mejor no entrar en polémica y ofrecerlo a los comensales, por ejemplo, durante el aperitivo o junto a nuestros vinos.

En el caso que ofrezcamos el vino durante la reunión, se sirve siempre antes que los nuestros (o a la par) y nosotros los beberemos SIEMPRE, salvo que no bebamos alcohol.

¿Me dejo algo? Creo que no!!!! Pero si os surge alguna duda, comentadla por favor!!!

Hasta la próxima semana.

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom

Podéis seguirme en Facebook y Twitter.

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