Sssssshhhh…. un poquito de discreción con esos e-mail, por favor!

Yo, además de trabajar por cuenta propia, también lo hago por cuenta ajena, es decir, trabajo en una empresa como empleada. Si a todas estas horas (de día y noche) le añadimos mi trabajo como madre y ama de casa, os podréis imaginar que aburrirme, es un lujo del que no disfruto desde hace años. La verdad es que a veces sueño con el día en el que me vaya tan bien por cuenta propia que pueda decir “bye-bye” a mi jefe –y mira que me llevo bien con él- pero otras… creo que perdería una gran “musa” para el blog: mi día a día en la oficina me reporta tantas ideas…

Ayer mismamente me cruce un par de mails con un colaborador respecto a un tema en el que no estábamos de acuerdo. En un momento dado, esta otra persona empezó a poner en copia a su jefe, al mío, al responsable técnico… vamos, me dieron ganas de ofrecerle el correo electrónico de mi padre, mi marido y mejor amiga por si quería ponerles en copia también.

¿Quién nos ha enseñado a poner a tanta gente en copia cuando mandamos una mail? ¿Es una forma de cubrirnos las espaldas? ¿es una forma mal-encubierta de delatar nuestros errores o desavenencias?

El tiempo vale oro

¿Os habéis parado a calcular cuánto tiempo dedicáis a revisar vuestro buzón de entrada? Yo estoy segura de dedicar más de una cuarta parte de mi jornada a atender e-mails. Además de los “cienes” de correos que me competen, recibo otros tantos (no pocos) en los que no termino de averiguar porque me ponen en copia.

De verdad que agradecería que la gente fuese más selectiva a la hora de mandarme e-mails.

Mandar un mail con “mil” personas en copia implica que “mil” personas van a dedicar 5 minutos (o 15) en leer y comprender nuestro mail. A veces, ponemos en copia a alguien solo para que “este enterado”… pero, claro, esa persona no está al tanto de qué va “la historia” y tiene que dedicar bastante tiempo para comprender “ese” mail; yo hay veces que tengo que leerme todos los mails previos (que van quedando por debajo) para enterarme de qué va “el tema” e intentar averiguar por qué estoy en copia ¡Y es agotador!

Quién debe ser el destinatario

Cuando hemos de enviar un mail a más de una persona, lo ideal es elegir un único destinatario principal (Para:); el resto de contactos van en copia (CC:). Las normas-no-escritas de los e-mails implica que la persona que tiene que actuar respecto a nuestro correo es el destinatario y los demás son meros espectadores.

Si hay más de una persona a quien nos dirigimos y que debe actuar, podemos poner más de un contacto como destinatario. En este caso, es muy importante que se detalle en el cuerpo del mensaje “qué” persona debe hacer el “qué”, de modo que evitemos que más de uno haga un mismo trabajo o, todo lo contrario, no lo haga nadie (pues todos piensen que será “el otro” quien lo haga).

Si yo no tengo que hacer nada respecto  a un mail y no es de mi competencia directa ¡no me pongas en copia! Todos salimos beneficiados… y yo, además, agradecida.

Privacidad

Los correos electrónicos se ven afectados por la Ley de Protección de Datos (LOPD); puede que esta ley nos suene a chino pero es muy importante conocerla, al menos, por encima.  Se trata de una normativa que las instituciones competentes vigilan de cerca y ¡y las multas sonde infarto!. Por resumir lo que aquí aplica, hemos de tener claro que la dirección de email de alguien es de su exclusiva propiedad y ni podemos usarla sin su permiso ni facilitársela a terceros sin consentimiento explícito.

Es importante tener en cuenta el tema de la propiedad de las dirección e-mail para, entre otras, no generar spam. Se llama spam a cualquier mensaje que recibimos sin haberlo requerido o aquel que recibimos, cuando hemos expresado previamente que no queremos recibirlo, y constituye una acción punible. Así que “ojito” a usar direcciones de correo electrónico que encontramos por casualidad u obtenemos de internet, especialmente, para fines comerciales.

El compartir los correos electrónicos de nuestra lista de contactos con terceros, es una práctica tan grave como habitual. Puede que ninguno lo hayamos hecho “a posta” pero ¿cuántos de nosotros hemos recibido o enviado un mail con un montón de direcciones en copia? ¡pues muy mal por el remitente! Si mi dirección es mía y solo le he dado permiso a “ese remitente” de usarla ¿Por qué se la facilita al resto de destinarios que ven mi contacto como yo veo el suyo? Las normas tácitas de la comunicación electrónica nos indica que cuando hemos de enviar un mail a más de una persona – y entre ellas no hay relación previa o están el relación puntual por algún motivo-  todos esos contactos se ponen como “con copia oculta” (CCO:) y el destinatario principal, el propio remitente.

Cuándo ponemos a alguien en copía

El exceso de información, desinforma – eso es así siempre. En el ámbito profesional, la gente necesita ser informada de aquella información que les compete o afecta pero no de todos esos datos superfluos que no solo no van a recordar, sino que distraen de la información realmente importante – llegando incluso a confundirles-. Por ello hemos de hacer un esfuerzo para no poder en copia a un montón de contactos, como quien llena un maleta de vacaciones de “por si acasos”.

Analizar cuándo poner en copia a alguien es imposible pues se habría que tratar “mil y un” caso – cosa que no procede. Pero sí podemos, a modo informativo, indicar cuando no. Por algo hay que empezar…

Cuándo NO ponemos a alguien en copía

La elegancia marca la diferencia entre un buen y un mal profesional”.

Alguno dirá ¿y qué tiene que ver la elegancia por esto de los mails? ¡¡Pues mucho!! Cuándo tenéis un problema con alguien o hay algo que no se ha hecho bien y queréis comentárselo ¿¿lo habláis en privado o en público? ( espero que vuestra repuesta sea la primera opción!). Si cuando queremos resolver un asunto crítico de forma verbal, es fundamental  la elegancia de hacerlo en privado ¿Por qué al hacerlo vía e-mail lo hacemos “en público”?

Mi primer consejo es aconsejaros que si vamos a agradecer o valorar en positivo algo, pondremos en copia al interesado y, si quieres, a los responsables (superiores) pero si es para hacer un crítica, corregir o solucionar un conflicto, no pongan en copia a nadie o, de ser imprescindible, pon solo a aquella(s) persona(s) a quien realmente le interesa o compete el conflicto. Y aquí es donde va un tirón de orejas a todos esos que, ante el menor conflicto, pone en copia a todos los jefes de la empresa bien para cubrirse las espaldas, bien para poner en “entredicho” una gestión o persona o simplemente por falta de juicio. Nunca, nunca, nunca.

Como ya hemos comentado antes, tampoco se pone en copia a nadie que no esté involucrado directamente con el asunto que se está tratando o que no sea de su competencia.

Como también he recalcado, no se pone en copia a mil direcciones que no se conocen entre ellas de forma previa, salvo en copia oculta, para no incumplir la ley de protección de datos.

Otras características de los correos electrónicos

Y ya que estamos con las “manos en la masa”, vamos a ver algún consejito más que os ayudará a mantener una comunicación vía e-mail óptima:

Los mails siempre deben llevar un “Asunto”; el destinatario debe saber antes de abrir el correo quién se lo manda y sobre qué trata  “más o manos” el mensaje. Ojo al asunto que ponemos pues los motores anti-spam de muchas empresas eliminan automáticamente los mails cuyo título incluye palabras claves que asocian a mails comerciales no requeridos o mails malintencionados.

En general, un correo electrónico es una carta por lo que todas las fórmulas de cortesía, gramática y ortográfica aplican. Un mail no es un mensaje de móvil desarrollado mediantes abreviaturas e iconos!!

El mail ideal se debería poder visionar en un golpe de vista: debería ocupa el espacio visible de la pantalla, sin tener que dar al scroll (barrita lateral que mueve el cuerpo del mensaje) sobre todo si se trata de un texto comercial. En cualquier caso, si eso no fuese posible, es fundamental tener en mente regla mnemotécnica “KISS” que significa “hazlo de forma breve y concisa” (Keep It Simple and Short).  Si hay mucha información imprescindible que trasladar al destinatario, se hará en forma de adjuntos. Si los adjuntos son los fotos, se reduce la resolución de la misma para facilitar el envío y recepción del mensaje.

Hay que intentar aplicar lo de “menos es más” respecto al diseño. Los cambios de colores, modificación de tipografías, efectos de imagen, etc solo se usan si son i-m-p-r-e-s-c-i-n-d-i-b-l-e. Los excesos cansan la vista, dificultan la lectura (y comprensión) del mensaje y casi siempre da una impresión muy poco profesional de quien escribe. También es super-super-super importante usar un fondo claro y liso y letras oscuras, pues es el contraste que mejor se lee. Hemos de huir como “locos” de usar letras de color amarillo, rojo y otros colores muy vibrantes pues hacen daño ¡antes de empezar a leer!.

Los correos electrónicos son el medio más habitual de comunicación en el ámbito profesional por lo que es imprescindible aprender a hacerlo de forma óptima. ¿Os queda alguna duda? ¡Por favor, contádnosla!

Hasta dentro de siete días!!!

Esther Morillas

Colaboradora de pymecom

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Traducir o no traducir (la web)… he ahí la cuestión.

El otro día leí un artículo sobre la importancia de traducir las webs a varios idiomas si queremos vender. La verdad es que el autor tenía parte de razón, pero habría muchas cosas en las que podríamos debatir largo y tendido. Como traducir una web cuesta bastante (y un blog, más), creo que es un tema interesante para tratar hoy.

¿Traducir o no traducir?

Lo primero que hemos de tener en cuenta es el objetivo de nuestro proyecto. Todas las acciones que desarrollemos (ya sean convencionales u on-line) deben seguir una misma línea. El objetivo lo es todo. Partiendo de eso, hemos de analizar qué valor añadido aportará el hecho de que nuestra web o blog esté en inglés, francés o árabe. Si creemos que nos puede beneficiar, ¡adelante! Si solo lo hacemos “porque sí”, lo mismo no interesa la inversión que vamos a tener que hacer.

Obviamente, el principal motivo para traducir nuestra web al inglés, por ejemplo, es que nuestro público objetivo hable ese otro idioma. Es decir, si nuestro negocio es una empresa de ámbito local, no hace falta que lo traduzcamos a otro idioma distinto del local. Otra cosa es que exista una comunidad extranjera en nuestro área de influencia y queramos captarles como clientes; en ese caso, sí puede ser interesante traducir a “ese” otro idioma. A todo el mundo le gusta que le hablen en su lengua materna ya que denota interés y respeto por su cultura: se trata, pues, en un buen gancho comercial.

¿En qué idioma hemos de traducir?

Como ya os he comentado, hemos de traducir la información a la lengua de nuestro público. Si no tuviesemos definido nuestro público y, por lo tanto, no podemos determinar qué otro idioma es el que más beneficio nos va reportar (y aún así queremos traducir a un segundo idioma) elegiremos el que tenga mayores posibilidades comerciales.

El inglés es el idioma al que más habitualmente se suele traducir. Se trata de una lengua que hablan de forma nativa o bilingüe en Reino Unido, norteamérica y centroeuropa; también es utilizado por muchos países asiáticos y aquellos del mundo árabe, continente africano y sudamérica que han sido colonia inglesa o tienen relaciones comerciales habituales con países angloparlantes.

Por cercanía geográfica y volumen de personas que lo hablan, también es interesante el francés (hablado, además de en Francia, en Canadá y multitud de países árabes y africanos que han sido colonia francesa).

Sin salirnos de nuestras fronteras, también tenemos la opción de traducir a alguno de los dialectos de España. Los más habituales son el gallego, el vasco y el catalán, aunque también están el mallorquín y el valenciano (que tienen mucho en común con el catalán). En cualquier caso, elegir uno u otro dependerá, insisto, en nuestro interés comercial. Esta opción es especialmente interesante si la empresa tiene ámbito de actuación en más de una zona lingüística:  si una empresa tiene delegación en Toledo y Galicia, la web puede estar en castellano y en gallego, o si tiene oficinas en Cataluña y Sevilla, además de castellano puede traducirse al catalán. Obviamente no se trata de una necesidad de comunicación ya que el castellano es la lengua oficial y es hablada y entendida por todos los españoles, pero si puede ser un gancho a la hora de captar clientes o fidelizarlos. Recordemos que el que te hablen en “tu lengua” es una forma muy buena de establecer relaciones efectivas.

¿Tercer idioma?

No tiene mucho sentido traducir una web a un tercer idioma, salvo que seamos una multinacional, tengamos intereses comerciales en más de una nación o tengamos delegaciones en varios territorios lingüísticos de nuestro propio país.

No olvidemos que las webs deben ser sencillas de consultar y navegar. Generar texto en más de dos idiomas aumenta la complejidad de nuestra web (multiplicando los posibles errores de programación y pudiendo restarse claridad informativa). Si, aún así, consideramos que hemos de traducir a un tercer idioma, igualmente lo haremos porque ese idioma apoye nuestro objetivo y/o tengamos un volumen importante de clientes potenciales que lo hablen.

Corrección

Ya comentaba al principio del post que traducir a más de un idioma supone una inversión importante. Para empezar,  implica una inversión en tiempo sobre todo si se trata de un blog o una web con muchas actualización de contenido, ya que tendremos que estar escribiendo continuamente en más de un idioma.

Igual que hablar a nuestro cliente en su lengua es una forma estupenda de “engancharle”, escribirlo de forma incorrecta (respecto a expresión, gramática o sintáxis) da una imagen pobre y poco profesional de nosotros. Si nos ocupamos nosotros mismos de la traducción, hemos de estar muy seguros de nuestra capacidad. Si no tenemos un manejo fluido y global de “esa” lengua, es mejor delegar en un intérprete.

Por favor, aquí quiero hacer hincapié en los riesgos de traducir usando las herramientas de google o cualquier otro traductor informático. Estas herramientas están muy bien para traducir cosas puntuales o aclarar dudas, pero no para hacer traducciones completas. Aunque hay aplicaciones muy buenas, generalmente hacen más una labor de traducción que de interpretación por lo que nos es extraño que hagan “traducciones literales” que son difícilmente entendibles para los nativos.

Si contamos con la colaboración de un traductor-interprete, tendremos que tener en cuenta sus honorarios, regulados por las asociaciones profesionales. En este caso, además de tiempo, estamos hablando de una inversión económica y no se trata, precisamente, de un servicio barato, por su complejidad y especialización. Aquí también tengo que advertir respecto a contratar a un traductor no profesional: elegir a una persona para que traduzca nuestros textos solo porque “tal idioma” sea su lengua madre puede ser altamente arriesgado ¿Contrataríais para traducir al castellano a Belén Esteban o Paquirrín? ¡Pues eso mismo!Hablar un idioma no nos convierte en buenos traductores ni, mucho menos, en buenos redactores: en comunicación, el fondo y la forma son igual de importante.

Estructura

Es necesario que nuestra web sea sencilla de navegar y consultar. Si nuestras visitas se pierden cuando entran, con toda seguridad abandonarán el sitio rápidamente y no volverán a visitarnos. Podéis revisar mis consejos para desarrollar una web sencilla y útil en mi leer mi post sobre la usabilidad web pinchando aquí. Teniendo ello en cuenta, hemos de definir cómo vamos a hacer visible la información en otro(s) idioma(s).

Hay webs que tienen en la cabecera, u otro lugar, unas banderitas representando a los idiomas: generalmente, se usa la bandera de Inglaterra para el inglés, la de Francia para el francés, la Española para el castellano, etc. Con ello somos redirigidos a la web en ese otro idioma y, pinchemos donde pinchemos, todas las páginas por las que naveguemos estarán en esa lengua  (salvo que hagamos click en una banderita distinta).

Hay veces que directamente lo que se hace es que se desarrollan webs distintas para distintos idiomas, con un .com para la información en inglés, .fr si están en francés, .it si está en italiano o .es para la que está en castellano. Obviamente hay que valorar los pros y contras respecto a inversión, dominios, SEO,… vamos, un tema muy complejo para tratar aquí.

Otras veces se navega siempre en el idioma principal y se puede dar a traducir puntualmente el texto que en ese momento estemos viendo. Si pinchamos en otra página de la web, u otro artículo del blog, vuelve siempre al idioma principal. Yo la veo menos útil pero, como otras veces, habría que estudiar cada caso.

Hay veces que los textos están escritos directamente en dos o más idiomas a la vez, uno debajo (o al lado) del otro e incluso se puede diferencia cada opción con colores o formatos distintos de texto. Esta opción es útil cuando se tratan de textos cortos y siempre teniendo muy encuenta el aspecto de la web para que esta no resulte farragosa y canse incluso antes de empezar a leer. No querremos asustar a nuestra audiencia, ¿no?

Fin. The End. Das Ende. 😉

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom

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¿Qué precio le pongo a mi trabajo?… o cómo no vivir del aire.

Esta semana vamos a hablar un poco más sobre la necesidad de vender nuestro trabajo para poder vivir de él. Si la semana pasada comentabamos la necesidad de incorporar la tarea de vender a nuestra rutina profesional, hoy vamos a tratar otro tema f-u-n-d-a-m-e-n-t-a-l: ¿Cuándo vale nuestro sueño?… o lo que es lo mismo, ¿A cuánto debo vender mis servicios o productos (para vivir de ello)?

El poner precio a nuestro trabajo es una cuestión peliaguda pero necesaria para avanzar. Es especialmente si no tenemos experiencia previa al respecto  (por ejemplo, si ya hemos trabajado de “lo mismo” por cuenta ajena) o cuando todo nuestro trabajo anterior ha sido vender a familiares y amigos ya que, seguramente, habremos estado vendiendo a un precio “irrisorio”.

Ya vimos hace algunas semanas que trabajar gratis tiene su momento y su lugar, pero no puede ser una circunstancia sin fecha de caducidad porque no podremos vivir “del aire” eternamente. Si no leísteis mis post entonces, os animo a hacerlo ahora pinchando aquí.

Cuando algún emprendedor me ha preguntado respecto al precio que aplicar a sus productos o servicios, reconozco que me salgo por la “tangente” con aquello de que es él o ella es quien tiene que poner precio a su trabajo… pero lo cierto es que no es una cuestión que yo pueda valorar, entre otras cosas, porque no conozco al detalle el coste en material y horas (y un largo etcétera).

Por suerte, Internet es “casi” la Panacea Universal y tiene respuesta a casi todo: he encontrado un blog que dedica una de sus entradas a cómo calcular precio de los trabajos de artesanía. No todos nos dedicamos a la artesanía pero sus explicaciones son extrapolables a cualquier otro trabajo ¡No os lo podéis perder! – A mi me ha resultado interesante y de mucho ayuda ;).

Iba a reescribir el texto (citando a mi fuente -¡eso siempre!-), extrayendo algunas frases, pero es que está tan bien explicado, que cualquier modificación que pueda hacer creo que será un “flaco favor” para todos. Como a mi no me va eso del “corta y pega”, creo que será mucho mejor que leáis directamente el artículo que hace “El proyecto alegría” pinchando aquí. Yo tan solo os adelanto la fórmula maestra:

Materiales + Horas de Trabajo + Gastos + Beneficio = Precio Mayorista

Precio Mayorista x 2 = Precio de venta al público

¡Espero que os sea tan útil como a mí!

Hasta dentro de una semana.

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom.

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¡Horror! ¡No me gusta vender!

Cuando comencé este blog, me prometí a mi misma que no pasaría eso de “en casa de herrero, cuchillo de palo”… pero muchas veces me pasa.

Una de las cosas en las que más insisto a las empresas con la que colaboro es que tan importante como desarrollar su trabajo, es promocionarlo… porque si no venden, no comen. Y con un blog, pasa un poco lo mismo; está bien que nos guste escribir pero la finalidad del blog es que nos lean cuanta más gente, mejor.

Lo primero que hay que hacer, antes de empezar a desarrollar cualquier proyecto, es diseñar un plan de marketing y comunicación para darlo a conocer. La mayoría de nuestros planes no se cumplirán – casi nunca lo hacen – pero es necesario tenerlos para no perder de vista nuestro objetivo: vender nuestro producto o servicio.

Lo malo es que a las personas que no tenemos un perfil comercial nos cuesta vender, o mejor dicho, nos cuesta desarrollar esa parte de nuestro trabajo. A mí no me gusta vender. A mí lo que me gusta es crear logotipos, diseñar planes de comunicación y dar formación… pero no venderlo. Seguro que hay mucha gente que está en la mismas.

Lamentable, no tenemos más remedio que bailar con “esa” amiga fea – que es la parte comercial – si queremos comer de nuestro proyecto.

La verdad es que, haciéndome autocrítica, debería darme vergüenza no sacar más provecho a mi blog (me va bien, pero me podría ir mejor) cuando yo me dedico a la comunicación corporativa y mi marido es un comercial como la “copa de un pino” (igual te vende palillos que teléfonos) pero como decía al principio, “en casa de herrero, cuchillo de palo”. No obstante, al margen de mis carencias y mi “pereza” por lo comercial, la verdad es que debemos asumir que es algo imprescindible para sacar adelante nuestro proyecto.

Saca tiempo. Lo ideal es que dentro de nuestra jornada, nos comprometamos a sacar un hueco para la tarea comercial. En mi caso, es lo primero que hago porque como no me gusta, si lo dejo “para luego” corro el riesgo de no hacerlo. Cada cual tendrá que encontrar en momento que mejor le va, pero tomad un compromiso a este respecto con vosotros mismos.

Divide. Las tareas parecen enormes si nos queremos afrontar como un “todo”. Mejor divide el trabajo comercial en pequeñas tareas que sean más fáciles de asumir y hazte un planing con lo que hacer cada día: los lunes, captar clientes nuevos; los martes hacer marketing on line; los miércoles, llamar a los clientes habituales a ver si necesitan algo; los jueves, estudiar nuevas líneas comerciales…  Cuantos más hitos hayamos creado, las tareas parecerán más fáciles de sacar adelante. Lo importante es hacer “algo” cada día. Podéis leer más a este respecto en mi post “La importancia de marcarse hitos

No al autoboicot. Nada de dejar a un lado el aspecto comercial esperando que salga por sí mismo, porque ¡¡no lo hará!! En una empresa pequeña (como puede ser un autónomo) nadie hará por nosotros lo que no hagamos nosotros mismos. No nos engañemos diciendo que como somos bueno, tarde o temprano venderemos… porque la realidad es que si no empleamos tiempo y recursos en ello, más nos valdrá acostumbrarnos a vivir del aire.

Adquiere un hábito.  Puede que vender sea un “tostón” para muchos de nosotros y nos de una pereza mortal pero si lo incluimos en nuestra rutina de trabajo, poco a poco nos habituaremos a ello y cada vez nos costará menos. No puedo decir que llegará a gustarnos (pues yo, después de varios años, no lo he conseguido) pero aprenderemos a mirarlo con otros ojos.

En este mundo traidor nada es verdad ni mentira todo es según el color del cristal con que se mira». Ramón de Campoamor

Bueno, y volviendo al tema de los blog, a continuación os dejo una infografía de Jordi Hernandez dónde podéis encontrar los contenido que mejor ayudarán a captar la atención sobre vuestro proyecto. Al fin y al cabo, atraer, retener y fidelizar lectores es el objetivo de cualquier bitácora, no?? 19-tipos-de-contenidos-para-atraer-trafico-infografia

Hasta la próxima semana.

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom

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Soy altamente sensible… ¿y qué?

Lo confieso: soy un poco desastre. Creo que lo he sido siempre.

De adolescente siempre tuve dificultad para concentrarme, indecisa, como loca por hacer de todo (lo mismo me apuntaba a un curso de punto de cruz que de informática). Mi padre me decía constantemente eso de que iba a ser “aprendiz de todo y maestro de nada”… supongo que me lo empezó a decir cuando empecé mi tercera carrera ¿Qué le iba a hacer si me desencantaba? Y yo, sin pasión, no tengo “gasolina” para hacer nada…

La verdad es que yo misma llegué a pensar que jamás llegaría a centrarme. Me sentía realmente frustrada por como era (no solo por mi falta de concentración) hasta que un orientador profesional me dijo que lo que me ocurría es que era una persona con una parte creativa primaba sobre otras facetas y, para más inrí, me ajustaba al prefil de una persona altamente sensible. Mis padres pensaron que era una forma de decir que era un caso perdido. En cambio a mi me supuso un alivio: no era tonta ni vaga, tan solo “trabajaba” de forma un poco diferente al resto y por eso me costaba hacer las cosas como los demás.

Identificar y aceptar como somos (con sus puntos fuertes y defectos) es fundamental a la hora de dirigir “nuestro camino” de forma acertada. Solo reconociendonos, podemos analizar nuestra forma de ser para sacarnos provecho.

Ser altamente sensible no tiene nada que ver con ser “teatrero” o llorar por todo (aunque nuestro umbral de emoción sea más bajo que la media); es una forma diferente de ver (y sentir) la vida. La gente altamente sensible generalmente no sabe que lo son porque no se lo han dicho; suelen sentirse incomprendidas (incluso, puede que aisladas) porque el resto suele mirales como si fuesen un poco “raros” o “inmaduros”. La ignorancia es muy osada.

Las personas altamente sentibles…

  1. Sentimos con mayor intensidad. Si nos enamoramos, lo hacen “hasta las trancas”. Si algo los decepciona, lo hace profundamente y, muchas veces, para siempre. Si algo llama nuestra curiosidad, nos centramos en ello como si no hubiese nada más.
  1. Nos gusta estar solos. En soledad podemos conectar con nuestros pensamientos y desconectar de todo lo que noss perturba. Generalmente, necesitamos bastante espacio personal.
  1. Hablamos solos con frecuencia. No estamos locos, pero hemos aprendido a mantener una conversación con nosotros mismo a fin de aclarar pensamiento o liberar estrés. A veces nos auto-hablamos en silencio (y parecemos estar en las nubes) y a veces lo exteriorizamos.
  1. Somos muy observadores. Nos fijamos en detalles que son casi imperceptibles para los demás, ya sean físicos o emocionales. Notamos cambios de actitud, sonrisas tristes o segundas intenciones (“no me da buena espina” o “me da buenas vibraciones”); nos percatamos de que llevas la camisa sin planchar o que te has cambiado de pendientes; somos conscientes de los colores, de la luz, de la distribución de las cosas… y nuestro estado de ánimo puede cambiar en base a ello.
  1. Seguimos lo que les dicte el corazón, incluso cuando nuestra mente nos recomienda otra cosa. Hacemos cosas que sabemos que no deberíamos solo porque nuestro corazón nos dicen que lo hagamos: sabemos que probablemente sea un error pero casi nunca podemos evitarlo.
  1. Nos cuesta más tomar decisiones.  El tener una percepción de la realidad muy “al detalle” nos hace valorar multitud de pequeñas cuestiones (pros y contras) que suelen retrasar las decisiones. A veces tomamos esas decisiones en el último momento y es probable que, después de tomada, sigamos valorando si decidmos acertadamente o nos equivocamos.
  1. No toleramos bien las acciones violentas o emocionalmente negativas. Intentamos evitar conflictos y tenemos tendencia a hacer de “intermediario” para llegar a un entendimiento; nos gusta llevarnos bien con la gente. Las “malas vibraciones” nos afectan emocionalmente de forma muy negativa, incluso causandonos estrés. Nos cuesta ver películas violentas, de terror o incluso ver las noticias o anuncios emocionalmente estresantes (como son los de muchas ONG).

Podéis leer más sobre este tipo de personas en la web de la asociación de personas altamente sensibles.

Muchas personas altamente sensibles son también creativas; la verdad es que yo tiendo a ver ambas características “de la mano” porque en mi caso así ocurre… pero no estoy segura que sea una premisa de obligado cumplimento.

Las personas creativas…

  1. Nos inspiramos en el momento menos esperado. Las ideas nos llegan cuando menos lo esperamos, a veces de forma caótica o desorganizada.
  1. Soñamos despiertos. Podemos estar ideando algo, valorando una decisión, soñando con una situación inventada que nos agrada o simplemente hablando con nosotros mismo… esa “ensoñación” puede llegar a ocupar una parte importante de nuestro tiempo.
  1. Nos aburrimos fácilmente. Si algo deja de emocionarnos, nos aburrimos y nos cuesta mucho “continuar”. Sentirnos motivados es fundamental. A veces a causa de ello (entre otras cosas) nos cuesta ser constantes.
  1. Perdemos la noción del tiempo. Si algo nos emociona, enfocamos todo su esfuerzo en ello perdiendo la noción del tiempo lo que puede llevar a que no saquemos adelante otras tareas que no nos motivan tanto (aunque sean obligaciones).
  1. Vemo el mundo con ojos de niño. Nos gusta llorar de risa o llorar a moco tendido (¡pa’fuera telarañas!), sorprendernos con pequeños detalles (somos muy “de detalles”), perdernos para descubrir, preguntarnos por todo, nos gusta probar, tocar, leer… tenemos una capacidad de aprendizaje es muy alta (y muy selectiva).
  1. Nos cuesta trabajar con números y no solemos ser muy buenos con las ciencias puras; en cambio somos muy buenos en la rama de humanística y expresión artística.
  1. Nos enamoramos de nuestras obras de arte un día, y al día siguiente las odiamos. Nos enamoramos de lo que hacemos con gran intensidad pero, a la vez, somos feroces críticos con nosotros mismo, lo que hace que un trabajo acabado con éxito un día, al día siguiente parezca tener mil errores… por ello es común que nos cueste dar por finalizada aquellas tareas que no sean rutinarias.
  1. Siempre estamos buscando nuevas formas de expresión. Somos capaces de expresarse de mil y una forma… a través de canales convencionales u otros totalmente alternativos. Tendemos a vernos, potencialmente, capaces de hacer un montón de cosas solo porque nos emociona aunque luego se demos de bruces con el “muro de la realidad”… pero jamás “caemos” para quedarnos en el suelo: una persona creativa encuentra mil formas de “levantarse” y continuar con lo que estaba haciendo (desde otra perspectiva) o comenzar otra cosa distinta.

(Parte de estos enunciados se han tomado prestado del artículo “22 cosas que la gente creativa hace” de la web de UPSOCL. Puede ver el artículo completo pinchando aquí.)

Si te dicen que eres diferente, sonríe y mantén la cabeza en alto”. Angelina Jolie.

¡No puedo estar más de acuerdo! Cada uno somos como somos y hemos de sentirnos orgullosos de ello, a pesar de la cosas no tan buenas 😉

Hasta pronto!

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom

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