Soy altamente sensible… ¿y qué?

Lo confieso: soy un poco desastre. Creo que lo he sido siempre.

De adolescente siempre tuve dificultad para concentrarme, indecisa, como loca por hacer de todo (lo mismo me apuntaba a un curso de punto de cruz que de informática). Mi padre me decía constantemente eso de que iba a ser “aprendiz de todo y maestro de nada”… supongo que me lo empezó a decir cuando empecé mi tercera carrera ¿Qué le iba a hacer si me desencantaba? Y yo, sin pasión, no tengo “gasolina” para hacer nada…

La verdad es que yo misma llegué a pensar que jamás llegaría a centrarme. Me sentía realmente frustrada por como era (no solo por mi falta de concentración) hasta que un orientador profesional me dijo que lo que me ocurría es que era una persona con una parte creativa primaba sobre otras facetas y, para más inrí, me ajustaba al prefil de una persona altamente sensible. Mis padres pensaron que era una forma de decir que era un caso perdido. En cambio a mi me supuso un alivio: no era tonta ni vaga, tan solo “trabajaba” de forma un poco diferente al resto y por eso me costaba hacer las cosas como los demás.

Identificar y aceptar como somos (con sus puntos fuertes y defectos) es fundamental a la hora de dirigir “nuestro camino” de forma acertada. Solo reconociendonos, podemos analizar nuestra forma de ser para sacarnos provecho.

Ser altamente sensible no tiene nada que ver con ser “teatrero” o llorar por todo (aunque nuestro umbral de emoción sea más bajo que la media); es una forma diferente de ver (y sentir) la vida. La gente altamente sensible generalmente no sabe que lo son porque no se lo han dicho; suelen sentirse incomprendidas (incluso, puede que aisladas) porque el resto suele mirales como si fuesen un poco “raros” o “inmaduros”. La ignorancia es muy osada.

Las personas altamente sentibles…

  1. Sentimos con mayor intensidad. Si nos enamoramos, lo hacen “hasta las trancas”. Si algo los decepciona, lo hace profundamente y, muchas veces, para siempre. Si algo llama nuestra curiosidad, nos centramos en ello como si no hubiese nada más.
  1. Nos gusta estar solos. En soledad podemos conectar con nuestros pensamientos y desconectar de todo lo que noss perturba. Generalmente, necesitamos bastante espacio personal.
  1. Hablamos solos con frecuencia. No estamos locos, pero hemos aprendido a mantener una conversación con nosotros mismo a fin de aclarar pensamiento o liberar estrés. A veces nos auto-hablamos en silencio (y parecemos estar en las nubes) y a veces lo exteriorizamos.
  1. Somos muy observadores. Nos fijamos en detalles que son casi imperceptibles para los demás, ya sean físicos o emocionales. Notamos cambios de actitud, sonrisas tristes o segundas intenciones (“no me da buena espina” o “me da buenas vibraciones”); nos percatamos de que llevas la camisa sin planchar o que te has cambiado de pendientes; somos conscientes de los colores, de la luz, de la distribución de las cosas… y nuestro estado de ánimo puede cambiar en base a ello.
  1. Seguimos lo que les dicte el corazón, incluso cuando nuestra mente nos recomienda otra cosa. Hacemos cosas que sabemos que no deberíamos solo porque nuestro corazón nos dicen que lo hagamos: sabemos que probablemente sea un error pero casi nunca podemos evitarlo.
  1. Nos cuesta más tomar decisiones.  El tener una percepción de la realidad muy “al detalle” nos hace valorar multitud de pequeñas cuestiones (pros y contras) que suelen retrasar las decisiones. A veces tomamos esas decisiones en el último momento y es probable que, después de tomada, sigamos valorando si decidmos acertadamente o nos equivocamos.
  1. No toleramos bien las acciones violentas o emocionalmente negativas. Intentamos evitar conflictos y tenemos tendencia a hacer de “intermediario” para llegar a un entendimiento; nos gusta llevarnos bien con la gente. Las “malas vibraciones” nos afectan emocionalmente de forma muy negativa, incluso causandonos estrés. Nos cuesta ver películas violentas, de terror o incluso ver las noticias o anuncios emocionalmente estresantes (como son los de muchas ONG).

Podéis leer más sobre este tipo de personas en la web de la asociación de personas altamente sensibles.

Muchas personas altamente sensibles son también creativas; la verdad es que yo tiendo a ver ambas características “de la mano” porque en mi caso así ocurre… pero no estoy segura que sea una premisa de obligado cumplimento.

Las personas creativas…

  1. Nos inspiramos en el momento menos esperado. Las ideas nos llegan cuando menos lo esperamos, a veces de forma caótica o desorganizada.
  1. Soñamos despiertos. Podemos estar ideando algo, valorando una decisión, soñando con una situación inventada que nos agrada o simplemente hablando con nosotros mismo… esa “ensoñación” puede llegar a ocupar una parte importante de nuestro tiempo.
  1. Nos aburrimos fácilmente. Si algo deja de emocionarnos, nos aburrimos y nos cuesta mucho “continuar”. Sentirnos motivados es fundamental. A veces a causa de ello (entre otras cosas) nos cuesta ser constantes.
  1. Perdemos la noción del tiempo. Si algo nos emociona, enfocamos todo su esfuerzo en ello perdiendo la noción del tiempo lo que puede llevar a que no saquemos adelante otras tareas que no nos motivan tanto (aunque sean obligaciones).
  1. Vemo el mundo con ojos de niño. Nos gusta llorar de risa o llorar a moco tendido (¡pa’fuera telarañas!), sorprendernos con pequeños detalles (somos muy “de detalles”), perdernos para descubrir, preguntarnos por todo, nos gusta probar, tocar, leer… tenemos una capacidad de aprendizaje es muy alta (y muy selectiva).
  1. Nos cuesta trabajar con números y no solemos ser muy buenos con las ciencias puras; en cambio somos muy buenos en la rama de humanística y expresión artística.
  1. Nos enamoramos de nuestras obras de arte un día, y al día siguiente las odiamos. Nos enamoramos de lo que hacemos con gran intensidad pero, a la vez, somos feroces críticos con nosotros mismo, lo que hace que un trabajo acabado con éxito un día, al día siguiente parezca tener mil errores… por ello es común que nos cueste dar por finalizada aquellas tareas que no sean rutinarias.
  1. Siempre estamos buscando nuevas formas de expresión. Somos capaces de expresarse de mil y una forma… a través de canales convencionales u otros totalmente alternativos. Tendemos a vernos, potencialmente, capaces de hacer un montón de cosas solo porque nos emociona aunque luego se demos de bruces con el “muro de la realidad”… pero jamás “caemos” para quedarnos en el suelo: una persona creativa encuentra mil formas de “levantarse” y continuar con lo que estaba haciendo (desde otra perspectiva) o comenzar otra cosa distinta.

(Parte de estos enunciados se han tomado prestado del artículo “22 cosas que la gente creativa hace” de la web de UPSOCL. Puede ver el artículo completo pinchando aquí.)

Si te dicen que eres diferente, sonríe y mantén la cabeza en alto”. Angelina Jolie.

¡No puedo estar más de acuerdo! Cada uno somos como somos y hemos de sentirnos orgullosos de ello, a pesar de la cosas no tan buenas 😉

Hasta pronto!

Esther Morillas

Colaboradora de Pymecom

Podéis seguirme en Facebook y Twitter.

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