Comunicación transparente: la oscuridad de los “eufemismo”

El otro día paseando por el centro de Madrid llegue a una tienda VIOLETA que es, para quien no lo sepa, una división de MANGO para tallas grandes. Como consumidora regular que soy de MANGO, entré por curiosidad.

Yo suele usar en ropa una XL, según el patronaje, y muchas veces en MANGO no encuentro mi talla. No soy pequeña ni mucho menos: mido 1,74 y peso unos 78 kg. Pues en VIOLETA resulté usar una M. Obviamente, las tallas son en sí misma una herramienta de marketing. La ropa de VIOLETA es más cara pero te hace sentir mejor porque reconozco que usar una M me gustó y encima la ropa me sentaba de maravilla. La propia dependienta, de echo, me lo dijo, “sí, los patrones de VIOLETA sientan muy bien a las mujeres “curvy”…”

“¿¿¿¿curvy????” Me eché a reir y la dependiente se quedo de “cartón piedra”, sin saber que decir…

Lo reconozco, odio los eufemismos y si resultan ser anglicísmos (como si no tuviesemos en español términos sinonimos), todavía más.

Yo se que la gente usa eufemismos porque no quiere ofender. Se piensa que usando una palabra que signifique lo mismo pero que no sea tan “transparente”, se es más elegante. Yo no estoy de acuerdo. La elegancia o la ofensa está en la intención, no en las palabras que usamos.

De echo, es precisamente el tabú que rodea a ciertas palabras lo que hace que tengan connotaciones negativas. Y de eso tenemos la culpa todos – ¡Hay que cambiar el chip!

En una sociedad donde lo que se exalta es la delgadez, estar gordo es un estigma. Y, ojo, que no digo gordo de obeso mórbido, que hay muchos grados de gordos… los hay “un poquito” gordos, gorditos, gordos, muy gordos, gordísimos… pero todos suenan mal. No es como decir “un poco” delgada, delgada o delgadísima… que eso suena bien siempre.

La palabra gordo incluye acepciones negativas que no lleva “per se” ¡se las damos nosotros! Y el hecho de evitar usarla lo empeora porque crea un tabú en torno a ella que la hace parecer más “oscura”… pues ¡ya está bien! yo abogo por usarla. De hecho, tanto la he “pensado” que hasta a empieza a gustarme! 😉

“Sí, a las gorditas nos sientan mejor estos patrones” le dije a la dependienta de VIOLETA.

“No, mujer, no estas gordita. Eres “curvy”…” me dijo ella un poco apurada, pues no quería ofender…

“Pues lo mismo que yo he dicho (guiño)…. No pasa nada… En España estamos gordos, … curvy en todo caso son las Kardashian” Me reí y la dependienta se rió conmigo. Quitar hierro al asunto, resta “turbiedad” al término y permite pronunciarlo sin sensación de culpa.

Pero, vamos, que “gordo/gorda” no es el único término tabú que tenemos. Es como decir que una persona negra es “de color”… ¿de color de qué? ¿del color del chocolate puro? Una persona negra es negra – de raza negra – y no hay nada malo en ello. Ser negro, desde el punto de vista de la comunicación, es malo cuando quien lo dice lo hace para ofender o lo hace con verguenza o culpabilidad, pero el término en sí es tan puro como cualquier otra palabra.

… o “maricón” – y mira que a mi no me gustan las “palabrotas” ¿sabeís cuantos homosexuales usan ese término sin tener connotaciones negativas? En cambio el heterosexual que lo usa suele hacerlo,  cuando no es para ofender, con verguenza, con un “uy, se me ha escapado”. Homosexual, vale…. pero ¿¿¿gay??? ¿Es que en inglés suena mejor? Pues eso porque no nos paramos a pensar en el origen de dicho término americano… en fin…

Pero no nos vamos a cuestiones sordidas (como para mí son las palabrotas)… ¿Cuantas palabras nos dan verguenza, miedo o coraje de usar y las evitamos? Los niños con Sindrome de Down son “especiales” (como si no fueran especiales todos los niños), los enanos (me refiero a la gente con enanismo) son bajitos… Cuando se quiere normalizar una situación (como son los proyectos de integración) se ha de empezar por normalizar los términos, usarlos sin vergueza y llamando a las cosas por su nombre… para que dejen de ser un tabú.

¿Y el término “gitano”? ¿Qué tiene de malo decir que una persona es gitana, si pertenece a dicha raza? Yo tengo un amigo marroquí que es, ademá de divertido, muy inteligente… y la inteligencia le hace estar “a años luz” de mucha gente. Cuando alguien se refiere a él como “marroquí” – pues es el único de su entorno que lo es-  él responde “moro, por favor… para los desconocidos son marroquí pero para los amigos soy moro” y se rie. ¡Pues claro! ¿Por qué debería ser la palabra “moro” un insulto si la mente de quien pronuncia no lo piensa? El término moro no se inventó con un trasfondo negativo… ese velo oscuro se lo damos los “usuarios”.

Insisto que las palabras no son buenas ni malas: son solo palabras. Quienes las convertimos en algo negativo somos nosotros al tratarlas como tabús que hay que evitar, sustituyéndolas por eufemismos que, sí, pueden ser más “politicamente correctos” pero hacen un flaco favor a todo el mundo.

Ciao!

Esther Morillas

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